QUINTANILLA DE TRES BARRIOS

Los corrales

 

 

 Paisaje a extramuros

 

En este apartado vamos a describir no un tipo de arquitectura diferente para cada uno de los corrales, sin que hablaremos de la finalidad para la que estuvieron destinados, algunos realmente singulares con una función específica. Trataremos de comentar una serie de cobertizos de exclusiva ocupación. No siempre hubo ocasión de poder tener un corral exclusivo para una función determinada, pero con el tiempo quien pudo y tuvo medios para ello lo construyó.

Comenzaremos, haciendo un comentario de cada corral y dejaremos para otro apartado los de mayor relevancia, ya sean civiles, religiosos o militares.

 

Palomar

 

 

Tipologías de palomares

 

El palomar como edificio tenía una estructura o tipología variable. En el pueblo hay exclusivamente de planta rectangular y circular. De este último tipo sólo queda una muestra en ruinas. El tipo de material utilizado es, como en toda construcción, el adobe y el tapial para la base. Su finalidad es de sobra conocida, la cría de palomas para uso particular, abastecimiento de carne de pichones, y aprovechar los excrementos como estiércol. Su estructura constructiva interior es más parecida a la de la cría de pájaros en nidos que a los corrales de gallinas, puesto que la cría y el anidamiento de la paloma es más individual y requiere a macho y hembra para desarrollarla en unas condiciones idóneas de tranquilidad. Hay quien dijo que “el palomar de debe estar elevado, al abrigo del viento, alejado del ruido de los hombres, del murmullo de las aguas y del mecido de los árboles…”  Por lo general, los palomares del pueblo están a extramuros de él y cerca de lugares de fácil acceso para alimentarse.

La construcción del palomar recaía en los propietarios del mismo y su aprendizaje se debe al oficio de sus predecesores y de la memoria de antepasados. Aunque en el pueblo tenemos varios de ellos que aún se conservan en buen estado, salvo excepciones se les va dejando caer y con ello se pierde otro elemento más de arquitectura popular. Una pena porque goteo a goteo se pierde la construcción autóctona.

El interior puede llegar a tener diferentes detalles, especialmente en lo que se refiere al nidal, para albergar a las palomas y que se sientan cómodas. Los nidos se disponen en las paredes de diferentes maneras. Pueden ser haciendo alternativamente oquedades, dejando un hueco entre cada dos adobes o colocando maderas sobre las cuales posarse. En función del sistema adoptado la estética varía considerablemente aunque no influya tanto en el resultado. La puerta de acceso debe estar bien orientada, lo mismo que el hueco de entrada y salida de las palomas. Generalmente los palomares de Quintanilla tienen la puerta orientada hacia el sur. En la parte alta destaca una tronera con tejadillo por la que tienen acceso las palomas, donde se posan para reposar antes de meterse dentro o iniciar la salida. Curioso pero es una recreación de las antiguas entradas de las casas típicas del pueblo con su particular tejadillo.

La tenencia de palomas ha estado siempre regulada, aunque no en los tiempos actuales. El artículo 28 de las Ordenanzas Municipales del año 1879 decía: Los dueños de palomares han de tener cerradas las palomas durante los meses de sementeras y recolección, para fijar este tiempo lo acordará el Ayuntamiento por medio de anuncio. Los infractores sufrirán la multa que procede conforme al reglamento vigente y disposiciones posteriores. Ordenanzas que han quedado en desuso como la mayoría de los palomares.

 

Colmenar

 

 

 

 

 

Restos de colmenar y colmenas en el campo

 

La construcción de la colmena no tenía más dificultad que hacer un receptáculo cuadrado de adobe de unos 60 centímetros de lado por 80 de alto, aproximadamente. La parte de arriba se cubría con tejas, como si de una casa para abejas se tratara, y se dejaba una especie de tronera para facilitar el acceso hecha de madera sobre la que se practicaba unos agujeros para facilitar la entrada y salida de las abejas y evitar que los roedores pudieran introducirse en ella para hacer acopio de los panales o matar las abejas. El corral-colmenar, que acogía a un determinado número de colmenas, estaba igualmente fabricado de adobe, barro maderos, y en ocasiones las colmenas se sustituían por departamentos adosados a la pared con las mismas características que aquellas. 

En Quintanilla apenas nos quedan muestras de construcción del colmenar, porque la apicultura no parece que fuera un recurso ni había mucha predilección por ella. Al menos durante los últimos tiempos. A lo sumo una buena parte de vecinos solían tener colmenas dispersadas por lugares del término para uso particular, si bien aquellos que producían una cantidad considerable de miel lo ponían a la venta. No era nada inusual ver colmenas por determinados parajes del término, e incluso en algún caso, en el recinto del pueblo. Pero sí había personas que tenían colmenares, aunque no hayan trascendido hasta nuestros días. El único caso conocido en estos últimos años de personas con colmenar era el del tío Mariano Carro, que aunque en estado ruinoso aún pueden verse sus restos lejos, muy lejos del pueblo, en los aledaños del monte y que da nombre al paraje del Colmenar. Así, pues, una cosa era poseer algunas colmenas dispersadas por lugares del término y otra tener concentradas un buen número de ellas.

Pero no siempre fue así. Fuentes documentales nos hablan de la proliferación de colmenas y hornos en el término del pueblo como negocio. El Catastro del Marqués de la Ensenada, año 1752, nos confirma datos de que al menos 20 vecinos tenían colmenas y más de la mitad, hornos. En números absolutos había 131 colmenas y 51 hornos. Algunos propietarios llegaban a acumular más de una docena, y hasta 15 hornos. Ana Molinero tenía 16 colmenas y 15 hornos, y Matías de las Heras, 16 y 12 respectivamente. Parece ser que la mayoría estaban concentradas en lugares concretos del término.

En cuanto al precio, un cuartillo de miel se pagaba a un real y la libra de cera en torta, a ocho reales. Los ingresos recogidos entre miel y cera devengaban 5 reales para el caso de las colmenas y 6 para el de los hornos. Con ello obtenían unos ingresos extras por la venta de miel y cera, esta última destinada a iglesias y catedrales. Es seguro que la miel catada en el pueblo se vendería en el mercado semanal de San Esteban o el Burgo. Respecto a las abejas algún recuerdo imborrable nos viene a la mente, como por ejemplo el enjambre que apareció cierto día por el pueblo y que como una tremenda zambomba quedó colgada de la rama de un árbol. Alguien fue a por un saco y ágilmente consiguió introducirlo dentro llevándoselo para su provecho. 

 

Corral de los cerdos

 

 

 

Típico corral de cerdos

 

En muchos casos este corral estaba dentro de las dependencias de la casa. Pero cuando las circunstancias lo permitieron estaba más bien a extramuros del pueblo. En cuanto a la construcción es un elemento arquitectónico más en que el adobe, el barro, la madera y las tejas son materiales básicos. La estructura es muy simple, un edificio pequeño de una sola planta y un par de compartimentos: el que ocupaba la cerda y el de los cerditos, separados, a veces, por una pared pero en ocasiones comunicados por un agujero. Es cierto que podía tener un espacio abierto al exterior o raso donde podía pastar la piara. Pero no era frecuente.

 

 

 

 

 

Continuar