QUINTANILLA DE TRES BARRIOS

 

 

 

Grupo de niños del pueblo (años 60)

 

Mencionar los juegos populares de antaño es volver a rememorar un mundo donde la inocencia echaba raíces desde temprana edad y se alargaba hasta la consumación de la mocedad. De aquel recuerdo se puede extraer una estampa imperecedera que revive la ilusión de los años de la cruda pero a la vez ilusionista infancia donde cualquier cosa servía para recrear un mundo de fantasía entrelazado con penurias y calamidades. En este contexto de tensión y distensión los juegos gozaban de un papel preponderante para combatir la afectación de la dura realidad existencial. Los momentos propicios no pasaban desapercibidos para pequeños, chicos y mozos, especialmente, que pasaban el rato practicando aquel juego que más y mejor se adaptaba a sus condiciones.  

La mayoría de nuestros juegos que vamos a comentar son similares a los que se practicaban en el resto de los pueblos de la geografía soriana, castellana o incluso en  lugares mucho más lejanos, con diferentes apreciaciones o ligeras variaciones y matices que de alguna manera definen la originalidad de la práctica en el lugar. Pocos de ellos son exclusivos, aunque las singularidades muchas veces les hacen mostrarse como tal. Estamos hablando del paso del mundo de la improvisación al de las nuevas tecnologías, cuya barrera habría que situarla allá por los años 70 del siglo pasado, a partir del cual habrá un proceso profundo de cambio o renovación en el subconsciente rural. La crisis de identidad de este entorno ha ido socavando de tal manera el estrato etnológico que en la actualidad nada o poco se parecen a lo que fueron. Por fortuna se empieza a recuperar parte del folklore que dimos por olvidadizo o desaparecido tras cambiarnos el hábito sin precisar que el monje seguía dentro. 

Hasta entonces habían sido tiempos en los que a falta de televisión y maquinitas con los que entretenernos, los juegos quedaban relegados a los típicos tradicionales que todavía hoy algunos de ellos se siguen practicando. Pasar el rato podía ser tan diverso como elegir el juego espontáneo que mejor viniera para la ocasión. Les había especiales para la noche y para el día; exclusivos de hombres y de mujeres, chicos y chicas, niños y niñas. Cualesquiera tenían su predilección para divertirse cuando ese momento u ocasión lo requerían. Todos ellos contaban con medios escasos para elaborarlos, lo cual daba rienda suelta a la imaginación y a la destreza. Mejor o peor hechos, pero eran de elaboración propia.

Todos estos juegos si bien eran de conocimiento general, algunos de ellos se practicaban en determinada época o tiempo, y en base a las circunstancias. Cada época marcaba unas preferencias con el tiempo o la climatología como árbitro de la contienda. Ni que decir tiene que los domingos y festivos, que por entonces predominaban mucho en el calendario santoral, eran los días más fervorosos para su práctica. Todos, en mayor o menor medida, nos entregábamos al divertimento para resarcirnos del pesado trabajo que soportábamos sobre nuestras espaldas.

La pelota a mano, la calva, la tanguilla, los bolos, la partida de cartas, las tabas, los palepes, la comba, etc. componían una larga lista de entretenimiento que daba para pasar el rato y no aburrirse. Algunos de estos juegos han perpetuado en el tiempo y se siguen practicando casi con la misma devoción que antaño, aunque el entorno y la gente hayamos cambiado ostensiblemente. No son aquellos años nuestros de chicos y de mozos. Tiempos en los que las cuadrillas, claramente diferenciadas, tenían su rol y su protagonismo y se regían por un compromiso adquirido entre sus componentes.  

En el presente trabajo aparecen reseñados un buen número de juegos y deportes de entretenimiento, si bien dentro de la nómina hay bastantes más no recopilados que serán objeto de un futuro estudio.

Aunque hayamos hecho un apartado diferenciado de chicos y de chicas, hay que hacer constar que si bien algunos de estos juegos eran excluisivos de uno y otro sexo, había otros que se practicaban tanto por unos como por otros.