QUINTANILLA DE TRES BARRIOS

Remedios medicinales

 

Arbustos idóneos para remedios medicinales

 

Es evidente que la medicina llegó muy tarde a las zonas rurales y en nuestro pueblo se adoleció de ella hasta entrada la segunda mitad del siglo pasado. Uno de los primeros médicos que se recuerda y se mantuvo en él durante muchos años fue don Román, que subía desde San Esteban a caballo durante los primeros años para asistir a los enfermos y recetarles lo que escuetamente había en la farmacia. La asistencia médica y el tratamiento sanitario en enfermedades comunes estuvieron marcados por la carencia de fármacos hasta pasados los años 50. La medicina preventiva fue obsoleta, las propiedades de las plantas medicinales suplieron superficialmente algunos de los efectos devastadores de las epidemias. Las condiciones higiénicas favorecieron los focos de contagio haciendo tambalearse en ocasiones hogares del pueblo. Enfermedades contagiosas como el sarampión, la viruela, la meningitis, una simple colitis o la temida tuberculosis, o cólico miserere, estuvieron siempre presentes y sembraron el pánico. La excesiva mortandad que tuvo lugar entre las familias era consecuencia de las condiciones sanitarias, del desconocimiento de la enfermedad, de la falta de medicación y de la carencia alimenticia.

El artículo 37 de las Ordenanzas municipales establecía que “la Junta de sanidad o comisión que ésta nombre practicará cuando lo crea conveniente y especialmente en épocas de epidemias, visitas domiciliarias para enterarse de las necesidades de cada familiar, recomendando el mejor aseo y limpieza en las habitaciones y ropas de los enfermos y lo demás que tenga relación con el ejercicio de su cargo”. Y el 38 recalcaba “las ropas pertenecientes a enfermos que padecen o hayan padecido dolencia contagiosa o epidemias, serán lavadas agua debajo de los demás vecinos de este pueblo en el sitio que por el Ayuntamiento se les señale”.

El siguiente testimonio acaecido en el pueblo reprueba los hechos: "Todos creímos en el pueblo que aquel virus del sarampión lo cogió una mujer al ver una noche luz y gente en el cementerio. Fue tan grande el susto que le empezaron a salir manchas rojas por la cara y el resto del cuerpo. Rápidamente otras personas enfermaron del mismo mal. Se les obligó a no salir de sus propias casas para evitar el contagio. Les pasábamos la comida por la gatera. A pesar de ello cada día eran más las personas que se contagiaban. Se iban cerrando más y más casas lo que no impidió las muertes. No sé de dónde salió la noticia, pero lo cierto es que las mujeres comenzaron a cubrir las alcobas con cortinas rojas. Se decía que este color evitaba el paso de la enfermedad”.

Situaciones semejantes debieron menguar las expectativas de vida. Rezaba un dicho popular, "si te pica un alacrán, coge la llave y vete a enterrar; si te pica una salamanquesa, coge la llave y vete a la iglesia". La mortalidad infantil fue la más afectada. Matrimonios hubo que vieron perder a todos sus descendientes. Nacer ya era  una odisea por las condiciones asistenciales del parto y tras él, como un buen reconstituyente, se mataba una gallina porque el caldo era de gran valor nutriente para reponerse de la pérdida sanguínea. Estas perspectivas médico-sanitarias hicieron agudizar el ingenio para aplicar a los síntomas del dolor los remedios más eficaces. Especial protagonismo tuvieron los curanderos, los brujos y hechiceros. Sus conocimientos sobre las propiedades de las plantas medicinales y los ritos espirituales consiguieron alejar el mal. Estos mismos brujos se volvían contra las gentes. Para ahuyentar el mal de ojo se quemaban ciertas yerbas (nuestro interlocutor no consigue precisar cuáles) con cuyo humo y alguna oración intentaban vencer a los malos espíritus.

La trascendencia del dolor o de la enfermedad supuso aplicar los conocimientos básicos para aliviar las molestias dejándose llevar por las creencias de su eficacia. Destacaremos algunos de los remedios utilizados en aquellos años parte de los cuales se siguen practicando.

  

Piel

 

Sudor

El cardo corredor o setero poseía unas propiedades excepcionales contra el escozor localizado en las axilas, ingle, ano o cualquier parte del cuerpo donde las glándulas sudoríparas son más prolíferas. Así, en los meses de verano los hombres solían colocarse un cardo debajo del sombrero para eliminar el sudor. Si se trataba de escozor en una zona determinada, a medida que el cardo se iba secando desaparecía el malestar.

Algo semejante ocurría con las erupciones cutáneas o protuberancias epidérmicas. Es el caso de las verrugas. Al fruto en baya de algunas plantas (enebro y jabino) o a los ajos se les atribuía propiedades curativas. Sin que la persona fuese consciente del hecho, al ajo se le hacían tantas incisiones como verrugas tuviese la persona. A medida que el ajo se iba secando las verrugas desaparecían.

A los granos y demás sarpullidos cutáneos se les aplicaba hojas de malva en la parte afectada hasta que se ablandaban y expulsaba la materia. Tampoco hay que echar en olvido las famosas "hojas de curar", que extraído el velillo se emplastaban sobre la parte condolida para ablandarla.

 

Inflamaciones e hinchazones

Inflamaciones o hinchazones se combatían con flor de árnica. A las personas abotagadas se les ponían sanguijuelas en la zona donde se había de extraer sangre.

A los sabañones, muy propensos con los fríos, en dedos y orejas se les combatió de diferentes maneras. Lo normal era frotarlos bien con ajo o con una patata. Si era por la época de la matanza, un alivio efímero consistía en ponerle una pezuña calentita del cerdo en la zona afectada. O si no se le aplicaba una piedra también bien calentita que quizá no hiciera desaparecer por completo la molestia pero al menos la aliviaba.

 

Manos agrietadas

Se consideraba que la orina poseía ciertas propiedades desinfectantes conocidas ya desde la antigüedad. Por ello se lavaban las manos agrietadas por los sabañones o para desinfectar una herida cuando no se tenía otra cosa más efectiva a mano.    

 

Picaduras

En caso de urgencia lo que se hacía era un pegote de barro amasado con tierra y agua si la había y si no con saliva, y el emplasto se le aplicaba en la zona afectada. Servía especialmente para las picaduras de avispas pero no se descartaba para cualquier otro tipo.

 

El orzuelo

Podía desaparecer colocando sobre él una llave gruesa. Se creía que el contacto continuado de la llave sobre la inflamación producía una alteración en la glándula lacrimal que disminuía la protuberancia

 

Lagrimal obstruido

Aurora Barral nos envía uno de los remedios que antiguamente se utilizaba para curar un malestar en en el ojo. Según nos manifiesta, la información procede de Jerónimo Lafuente, uno de los hombres "sabios" en conocimientos varios del pueblo. Jerónimo, entre otras facetas cognoscitivas, era una persona que enseñaba a la gente mayor, en su propia casa, a leer, escribir y las cuatro reglas básicas de matemáticas.

Pues al parecer, uno de estos remedios tenía que ver con la obstrucción del lagrimal que podía derivar en una infección. La solución, al parecer, pasaba por coger una lagartija viva, totalmente entera sin que le faltara la cola, meterla en una lata de hojalata vacía pequeña, y bien cerrada dentro de una bolsa pequeña de tela. Esta bolsa se debía llevar colgada al cuello durante un largo periodo de tiempo hasta que la lagartija estuviera totalmente consumida y sonara seca dentro de la caja,, como si hubiera un material inerte dentro. 

Es evidente que hubo gente del pueblo que se prestó a seguir sus consejos, entre otras personas la propia madre de Auora, pero no se tiene constancia del resultado obtenido. Pero ahí queda un remedio consabido y aplicado. 

 

Gripes y constipados

 

Virus muy frecuentes a causa de los enfriamientos a que estaban sometidas las personas del pueblo, afectando los achaques a los músculos y a los huesos, podían derivar en reumas. Uno de los remedios comúnmente utilizado ha venido siendo la aplicación de ventosas. Consistía en empapar algodón en alcohol -en algunos lugares se utilizaba estopa- y meterlo en un vaso. Se le prendía fuego y se aplicaba sobre la zona afectada, repitiendo la operación en función del resultado. El paciente soportaba estoicamente la aplicación hasta que el calor se iba extenuando y se despegaba el vaso de la piel. Se le consideró uno de los métodos más eficaces.

A los constipados se les aplicó diferentes remedios. Uno de ellos fue cocer vino con manteca y tomarlo muy caliente antes de acostarse. El vino siempre ha sido un licor muy espirituoso y no se le solían hacer ascos.

Otro remedio muy característico y tradicional fueron, y sigue siendo, los vahos. Les hubo de todo tipo. Desde quienes aplicaban los orificios respiratorios al puchero de la comida o al caldero de los cochinos para inhalar el vapor. Incluso se hurgó en las entrañas de los animales. El velo o telilla que rodea las vísceras del cerdo o de la oveja poseía unas propiedades excepcionales. Colocado sobre el pecho resultó ser todo un reconstituyente, según testigos.

Tampoco faltaron los puramente convencionales. Para resfriados y anginas una buena aplicación de manteca de gallina, de tuétano o de la "carrillada", cuanto más amarilla mejor, fue de gran alivio. Se embadurnaba la zona afectada de la garganta y se cubría con un trapo. Sobre éste se colocaba un calcetín del revés.

 

Dolor de muelas

 

Se le intentó combatir de muy diferentes maneras. Con pólvora, aplicada sobre la encía o en el interior de la muela si estaba carcomida. Menos explosivo resultó la colocación de un grano de sal gorda. Al deshacerse debía remitir el dolor.

Los más prudentes solían colocarse en el carrillo o zona afectada paños de saúco bien calentitos. No resultaba inusual ver a personas por la calle con el pañuelo atado desde la zona molar a la cabeza. Yerbas medicinales, manzanilla, té, poleo, romero, saúco..., fueron muy conocidas y utilizadas. De continuar el dolor días y días, al rudo campesino no le importaba hacer de tripas corazón, coger el alicate y extraerse la muela en carnes vivas "antes de que infectase a las demás".

 

Dolor de oídos

 

Este dolor punzante tuvo singulares remedios. Se tenía por cierto que el fino dolor de oídos era producido por un gusanito que moraba en el interior del mismo. Así cuando despertaba hambriento comenzaba a roer el oído interno. La ocurrencia de las mujeres era echarle un chorrito de leche de su pecho en el conducto auditivo. A los niños pequeños también se les colocaba un trocito de tocino o manteca templada o un poco caliente "para que el gusanillo que había dentro se alimentara y desapareciera el dolor". Casos reales y verídicos. La trompa de Eustaquio, de vez en cuando, se daba unos buenos atracones. 

Como al dolor de muelas, al oído también se le aplicaba paños calientes de yerbas medicinales, destacando de entre todas ellas el saúco.

 

Dolor de barriga

 

Un reconstituyente muy original fue rociar aceite en el ombligo y aplicar ligeros masajes en esta zona hasta eliminar el malestar. Así de sencillo, aunque no siempre fue tan eficaz. La supina ignorancia hacía creer que en el ombligo moraba un gusanillo al que no había que eliminar nunca al asear esta zona. Podía presagiar lo peor.

Aurora Barral, nos informa que para las molestias de barriga, mala digestión o dolor de estómago, resultaba eficaz el siguiente remedio. En una botella se introducía un pepino de la mata cuando era pequeño para que llevase a cabo su evolución dentro de élla. La botella se enterraba en la tierra y sólo sobresalía la boca para que el sol no perjudicara al pepino y ahí quedaba hasta que se secara la mata. Una vez acabado el proceso, se llenaba de aguardiante de orujo, del que se hacía en el pueblo, y se dejaba en maceración durante algún tiempo para que tomara las propiedades. Cuando una persona tenía síntomas de mala digestión, dolor estomacal o barriga, se tomaba una copita para reconfortarse. Era habitual en muchas casas. Cuenta Aurora que a su madre, Rosa, se lo solía proporcionar el Jerónimo, su familiar.  

A los machos, animales de tiro, para curarles el dolor de barriga se les llevaba a un corral de ovejas. El hecho de inspirar el olor de la cagarruta actuaba como antídoto.

Para el estreñimiento de barriga se hacían calas de jabón (jabón untado en aceite) que se introducían por vía rectal. Podría pensarse que debieron ser los precursores del supositorio. A los animales, generalmente ovejas, se les introducía cerillas de cera por el ano cuando estaban hinchadas y no podían cagar.

 

Curar las heridas

 

Cortar un brote de sangre de la nariz era cuestión de echarle agua fría desprevenidamente por la nuca. También se solía colocar un canto en la nuca, a poder ser frío, para cortar la hemorrágea. Eso o hacer una cruz en el suelo hasta que la providencia lo remediase.

Para curar las supuraciones, a falta de gasas, y para que no se pegase el trapo en la carne, se utilizaban telarañas, aunque saliesen de cualquier parte llenas de polvo.

Cuando se trataba de fracturas, lo que se hacía era bizmar el hueso. Por lo general se colocaban "unas tablillas bien atadas con cuerdas para que agarrase la carne". Así de sencillo, aunque a veces quedase torcido y así seguía de por vida.

 

Golpes

 

Chichones en la cabeza

Cuando alguien se daba un golpe en un hueso, especialmente en la cabeza, lo que se solía hacer, si se tenía a mano, era aplicar un hierro. Uno de los remedios eran las llaves, de cañón grueso mejor, que se utilizaban para este tipo de golpes colocándolas directamente sobre la zona. Se tenía la convicción de que deshinchaba el chichón.

 

Hasta aquí, algunos ejemplo de remedios caseros de la medicina tradicional popular. Prácticamente no quedaba otra alternativa porque no había medicina farmacéutica que lo supliese. Conocer las plantas y sus propiedades hizo que el sabio campesino aplicase sus remedios a las dolencias o las enfermedades. Es posible que el conocimiento fuera mucho más extenso del aquí expuesto pero escapa a nuestro conocimiento. En cualquier caso fueron remedios que dieron su resultado y que de no haber sido por ello pudiera haber ocurrido lo peor. ¡Ah! Y siempre con la bendición de por medio: "Cúrate, sana, cúrate, sana, si no te curas hoy te curarás mañana".