QUINTANILLA DE TRES BARRIOS

Ermita de Nuestra Señora de la Fuente 

 

Fachada de la Ermita

 

Es preciso llevar a cabo un profundo estudio sobre el origen y la evolución de la ermita. Investigar en los archivos parroquiales o municipales con el fin de hallar información que nos facilite datos certeros relacionados con su construcción y posterior evolución en el tiempo. Hasta que ello no ocurra habrá que basarse en la hipótesis para ir tejiendo un capítulo tan importante en la religiosidad de las gentes del pueblo.

A falta de datos que nos lo confirmen, todo apunta a que la ermita sería construida en torno al 1650 ó 1700, por tomar unas fechas acordes con la evolución de la vida del pueblo y la aparición de edificios públicos y religiosos. Como todas las ermitas, su construcción estaba dedicada a la advocación de una santidad, virgen o santo, en cuyo espacio tenía su trono. En la de Quintanilla de Tres Barrios se ha venido venerando a la Virgen de la Piedra, patrona del lugar. No obstante hay que hacer constar que los documentos la Ermita no aparece con este nombre sino con el de Nuestra Señora de la Fuente. Tal denominación se debe a la proximidad, ya que junto a la ermita se encuentra la fuente de la que se abasteció el pueblo hasta los años 60 del siglo pasado. De las tres Vírgenes que comparten veneración en la iglesia del pueblo, que se sepa ninguna de ellas se la conoce como Virgen de la Fuente, si bien hay una talla en la sacristía que se ignora su denominación.

Con el tiempo, año 1880, en la parte posterior de la ermita fue anexionado el actual cementerio, en cuya puerta de entrada se puede leer el año de su construcción y el nombre del cura párroco que por aquel entonces llevaba las riendas de la iglesia. Sin datos que lo confirmen, es posible que éste no fuera el primitivo cementerio del pueblo ya que la tradición oral habla de la aparición de restos óseos junto a la actual iglesia.      

Por lo que respecta a la tipología de la ermita su planta es de pequeñas dimensiones con una única nave central coronada por la cabecera, en la que se levanta el altar; a su derecha se abre un pequeño habitáculo, el cuarto de la sacristía. Dispone de un reducido coro que a su vez da acceso a la espadaña o torre, el campanario, en cuyo hueco destaca un pequeño campanillo para anunciar la llamada a la oración. Las paredes son de manpostería y ladrillo macizo y el techo artesonado de madera.

Cierta noticia habla de que en el año 1920 se fundió la campana de la ermita por parte de los fundidores Hijos de Murua, naturales de Gasteiz, Vitoria.  En ella se dan algunos datos de dicho campanillo, cuyo diámetro y altura son de 45 centímetros,  y su peso aproximado de 53 kilos, según ficha realizada por Juan José García y Miguel Abajo el 22 de agosto de 1999. En ella hacen constar que en la Epigrafía de la campana, con nombre Jesús, María y José y que el año es ilegible por estar borrado,  "la cruz, las 12, se alza sobre tres cordones del Medio pie. Tiene por base un cuadrado con decoración vegetal, a modo de escudo, flanqueada por dos pináculos con decoración geométrica. La cruz tiene en su interior estrellas de ocho puntas y los brazos están hechon con los mismos motivos de los pináculos". Apuntan que tanto el yugo como la conservación son malos.  

Noticia mucho más extensa es la de la reconstrucción de la ermita en el año 1847 y que consta de 9 folios. Se trata del Expediente para la reparación de la Ermita de Nuestra Señora de la Fuente. El Ayuntamiento Consistorial del pueblo envía una carta al gobernador Eclesiástico del Obispado de Osma solicitándole licencia para arreglar el edificio por la “completa ruina en que se encuentra”. Manifiesta que acuerda su reparación a expensas del vecindario por derrama vecinal y “evitar el estado miserable en que se encuentra”. En ella piden, además, que si ha de haber maestros arquitectos y formación de expediente, que sea de limosna “por no haber de dónde satisfacerlo”. Lo firma el Presidente de la Corporación, Miguel Delgado, el día 5 de septiembre de 1847.

Tras los pertinentes informes y acceso por parte de la autoridad eclesiástica del Obispado de Osma se procede a redactar el Plan y Condiciones para alargar la Ermita y levantar las paredes actuales. Así, pues, se alargará 5 varas y se levantará la primitiva planta. En ella se habla de que el material es de mampostería y que el arco y la tronera serán de ladrillo obra vista. El techo de madera renovándolo totalmente así como jalbegarla por dentro y por fuera. Lorenzo Gil, maestro arquitecto de El Burgo de Osma, será quien llevara a cabo la obra y quien redactara punto por punto todos los extremos del contrato. Los materiales y los peones correrán a cargo del pueblo, quien además le dará casa posada. El montante de la operación ascenderá a 1.570 reales y se realizará en tres plazos: al comenzar la obra, a mitad de la misma y al finalizarla.

 

                                       

 

                                         Aspecto interior, al fondo el altar 

 

Acabadas las obras se pidió la bendición por parte del pueblo al Obispado de Osma, la cual fue concedida pero sin presencia alguna de la curia episcopal a la ermita el día de la inauguración. Habría de ser el cura párroco de la localidad quien oficiase la ceremonia sin ninguna otra representación.

Con posterioridad a dichal reconstrucción se han llevado a cabo algunos arreglos de mantenimiento con el fin de subsanar el deterioro sufrido.

En base a este expediente se puede apreciar que en un primer momento la planta, y por tanto el recinto del lugar, era bastante más reducida. En sus inicios la aparición vendría a ser la de una capilla levantada para venerar a una Virgen que al no tener iglesia propia, puesto que la titularidad de la misma recaía en San Lorenzo, se le quiso dedicar un pequeño templo en su honor. El culto mariano no podía pasar desapercibido entre las gentes de Quintanilla y para ello nada mejor que levantar un altar propio para su advocación. 

Advocación a la Virgen de la Piedra que en esta ermita tiene sus puntos de confluencia en determinadas ceremonias. Este fue su trono durante muchos años y en él permaneció como capitana de la Ermita de Nuestra Señora de la Fuente. Las circunstancias de inseguridad hicieron que se trasladara a la iglesia del pueblo, pero no obstante baja a “visitarla” en algunas celebraciones vinculadas a fiestas populares o tradicionales. El día de la Fiesta de San Lorenzo (patrón del pueblo) o el de la Atalaya, son fechas en que tienen lugar procesiones hasta la Ermita para rememorar antiguas tradiciones vinculadas al calendario festivo tradicional.

Muchas fueron las noches estivales en que la puerta de la Ermita acogió a gentes del pueblo durmiendo, guardando el turno del agua para poder regar. Buscar la protección en tiempos difíciles siempre fue un motivo de creencia y devoción.