QUINTANILLA DE TRES BARRIOS

Iglesia de San Lorenzo

 

 

 

Fachada principal 

 

Falta llevar a cabo una investigación que nos permita conocer con mayor certeza datos fidedignos sobre la vinculación de Quintanilla con su centro de culto religioso. Habría que empezar confrontando la fecha de la existencia del pueblo y la de la iglesia actual. Los primeros datos conocidos sobre el asentamiento del pueblo se remontan al siglo X y los de la iglesia, muy probablemente, al siglo XVI. Durante el salto de estos cinco siglos, Quintanilla, como pago (población aneja o territorio periférico de otra localidad), arrabal (barrio fuera del recinto de otra población) o alfoz (término de un distrito, ciudad o castillo, o que depende de él) de San Esteban de Gormaz, estuvo adscrito a la iglesia románica de San Miguel, de la citada villa. Es aquí donde surgen algunas cuestiones sobre la ubicación o emplazamiento original del pueblo y su enigma. Un pueblo durante tantos siglos sin iglesia propia; la considerable distancia, cuatro kilómetros, que separan el lugar de la villa; el desplazamiento incesante de las personas para participar en el culto religioso: homilías, celebraciones, rituales, etc. Cuesta imaginar que una defunción de ida y vuelta pudiera tener lugar en estas circunstancias. O el paseo de un casamiento. ¿Y el cementerio? Nada se sabe sobre su ubicación, si los muertos eran enterrados en el entorno del pueblo o en el mismo camposanto de de villa. Interrogantes difíciles de precisar sin documentos que lo confirmen. En cualquier caso sigue siendo un enigma el hecho de que un pueblo como Quintanilla de Santisteban (como aparece en las primitivas crónicas) ubicado en la zona fronteriza del valle del Duero, expuesto y sometido a luchas entre cristianos y musulmanes, no dispusiera de algún vestigio, iglesia o ermita románica propia, como por lo general suelen tener la mayoría de los pueblos.  

El salto cuantitativo de estos aproximadamente quinientos años encuentra justificación en la construcción de la iglesia de San Lorenzo Mártir, patrón de la localidad. También aquí nos encontramos con un vacío existencial de documentación que informe del año de construcción del templo hasta no llevar a cabo una investigación en los archivos episcopales que puedan precisar su fundación. Todo hace pensar que con la segregación de Quintanilla de San Esteban, por el de Quintanilla de Tres Barrios, el pueblo o el obispado construyera la iglesia agregada a su población. El primer interrogante que se nos plantea es cuándo se colocó la primera piedra. La única referencia que podría tomarse como probable es la del año que aparece grabado en el dintel de la puerta interior de la iglesia, en la que puede leerse 1586.

Sea o no un dato verídico sobre el inicio o finalización de la misma, la estructura de la iglesia se corresponde con la de estos siglos. La tipología de la construcción se ajusta a los cánones de la iglesia moderna de los siglos XVI y XVII. Planta de una sola nave que desemboca en la cabecera o ábside, donde se levanta el altar mayor. Al lado derecho se abre la sacristía y en el otro pudo contemplarse, hasta su retirada, el púlpito. Un par de hornacinas a cada uno de los lados sirve de habitáculo para las imágenes de la Virgen de la Piedra y el Cristo de la Misericordia. Una ventana abocinada es el único contacto con el exterior en su parte frontal.

 

Altar mayor

 

Altar mayor

 

El retablo del Altar Mayor es relativamente nuevo, aproximadamente 25 años, y fue donado a la parroquia por la familia Moraga-Aguilera, hijos del pueblo. Se trata de una obra, sin autor conocido, que se ajusta a los cánones utilizados por los maestros retablistas. Realizado en madera dorada, el retablo se estructura en tres cuerpos. El conjunto descansa y arranca de un sotabanco, que está ornamentado con motivos religiosos en el que se halla el Sagrario, del que parten las cuatro columnas encargadas de sostener el resto de la estructura. En los laterales se encuentra dos pedestales sobre los que se asientan las imágenes de Santa Ana  y San Joaquín. Este segundo cuerpo lo sostenta cuatro columnas esbeltas acanaladas que se van estrechando a medida que enlazan con el cuerpo superior. Cada una de las columnas deja un espacio en hornacina en las que se hallan las imágenes de la Virgen de la Piedra, en el centro, la patrona, flanqueada a cada uno de los lados por San Lorenzo, titular del templo representado por su atributo más característico, la parrilla, y San Roque, con su incondicional perro. El conjunto está rematado por un tercer cuerpo en el que sobresalen elementos decorativos y motivos vegetales coronado por una cruz.  

 

Baldaquino

 

                                      

                                                                       Baldaquino

 

Todavía hoy puede verse el baldaquino de estilo barroco, desplazado de su primitiva ubicación del Altar Mayor cuando se cambió por el actual que acabamos de comentar. Es una obra relegada de su lugar de origen que debiera tener una mejor ubicación dentro de la iglesia. Es posible que se encontrara ya en ella desde su primitiva fundación, pero no podemos confirmarlo. El baldaquino es una mesa-altar cubierta por un dosel sobre cuatro columnas en cada uno de sus lados que se puso de moda durante el barroco y que guarda la esencia del arte berninesco (el escultor Bernini fue su creador y su obra más destacada es el baldaquino de la basílica de San Pedro del Vaticano en Roma). El que se encuentra en la iglesia es una escultura de madera que guarda una adecuada simbiosis entre lo arquitectónico y lo decorativo. En su conjunto, tanto los fustes contorneados de sus columnas, con motivos vegetales, como el dosel, son de bella factura, realizados en madera policromada, con predominio del dorado, y recargados de adornos en su talla. En su parte baja se hallaba incrustado el Sagrario.

Durante el tiempo que permaneció en el Altar Mayor sirvió de enmarque para alguna escultura exenta, tradicionalmente la de San Lorenzo, como patrón de la iglesia. Es posible que el antiguo altar mayor y el baldaquino fueran realizados en la misma época en instalados al mismo tiempo.

 

Pinturas del artesonado

 

 

 

Blasones nobiliarios

 

Las pinturas murales expuestas en el artesonado del ábside tienen una relación directa con la historia de Quintanilla. Se trata de escudos de armas de casas nobiliarias a las cuales estuvo vinculado el pueblo o han tenido una relación de protectorado. (Por lo general, los escudos simples se dividen en familias de dignidad y de comunidad, según estén vinculados a una familia por herencia o a un cargo o dignidad personal, o a una sociedad o municipio, etc.).

Escudo de armas del apellido Luna

Se trata de uno de los apellidos de mayor raigambre entre la nobleza de España. De raíces aragonesas que se remontan a los primeros siglos de la Edad Media, los Luna fueron ganando hegemonía a medida que los territorios anexionados se expandieron. El personaje más representativo de esta rama o linaje fue don  Álvaro de Luna, aquí representado por su condición de Conde de San Esteban de Gormaz, al que estuvo vinculado Quintanilla y sus posteriores descendientes.

Álvaro de Luna, nace en Cañete (Cuenca) entre 1388 y 1390, y muere en Valladolid el 2 de junio de 1453. Fue introducido en la corte como paje por su tío Pedro de Luna, arzobispo de Toledo, que  llegaría a ser Papa con el nombre de Benedicto XIII (1394). Supo convertirse en una persona muy importante en la corte. Fue un aceptable caballero, un habilidoso lancero, un poeta y  elegante prosista. Álvaro de Luna fue la figura central de la Castilla de su época en un periodo de constantes conflictos provocado por coaliciones de nobles que trataban de convertir al rey en una marioneta que sirviera a sus propios intereses.

En 1423 es nombrado I Conde de San Esteban de Gormaz, vasto territorio que incluye Ayllón, Gormaz, Maderuelo…. Sus riquezas, posesiones y poder aumentaron tanto que despertaron el recelo de los demás nobles, envidiosos del favoritismo que demuestra el rey hacia él. El papel de Álvaro de Luna ha sido objeto de controversia durante siglos. Para unos no era más que un noble ambicioso en línea constante de su propio interés. Para la mayoría de los historiadores, un leal servidor a su rey, interesado en reformar la autoridad real frente a la anarquía nobiliaria.

En 1474 el Marqués de Villena se apodera de San Esteban de Gormaz cuando reinaban Isabel y Fernando. En 1480, San Esteban pasa a manos de Juan Pacheco de Luna, nacido el 24 de abril de 1472 en Belmonte (Cuenca), hijo del Marqués de Villena, y se convierte en el IV conde de San Esteban de Gormaz. Muere en 1501, sin casar. En el siglo XVII se extingue la rama de los Luna.

Escudo de armas del apellido Sandoval

Descripción del escudo de armas: en un campo de oro, una banda de sable. De origen castellano, del lugar de su nombre (Sandoval de la Reina, partido judicial de Villadiego, Burgos). Sandoval significa “tierra de pastura, barranco y tierra cultivada por primera vez”.

Los cronistas señalan como progenitor de los Sandoval al Conde Gonzalo Téllez, hermano de Fernán González, marido de doña Urraca. Hacia el año 914, don Gonzalo vivía casado con doña Flámula, llamada también doña Lambra, de quien tuvo a Salvador y a Ramiro González. El primero fue el fundador del linaje Sandoval ya que poseía su reino en el lugar de Sandoval de la Reina y la familia tomó por apellido el nombre del lugar. 

Es posible que el motivo de este escudo aquí representado sea debido a que fuera uno de los nobles que participara activamente en el proceso repoblador de las tierras de esta zona. La vinculación con el conde Fernán González y el testimonio que confirma que las tierras que constituyen el término municipal de Quintanilla fueron donadas por Sancha Ballestero, mujer de Fernán González, vienen a reforzar tal hipótesis.

 

Continuar