QUINTANILLA DE TRES BARRIOS

Escudo de armas del apellido Silva

Muchos escritores señalan este linaje de origen antiquísimo y de ilustre casa, haciéndola descender de Eneas, por su hijo Silvio Póstumo. Armas de escudo de plata y un león rampante de gules coronado de oro.

El conde Pelayo Silvio, siglo X, fue tronco de la poderosa e ilustrísima casa Silva, cuyas glorias y altos merecimientos enriquecen muchas páginas de la historia de nuestra patria. Con la casa de Silva procedieron o emparentaron casi todas las casas de la grandeza de España. Entre ellas, sin duda alguna la más importante, la Casa de Alba de Tormes, con la que entronca. Escudo nobiliario originario de la Corona de Castilla, cuyos orígenes se remontan al siglo XIV. A la muerte sin descendencia de la XIII duquesa, el linaje pasó a Carlos Miguel Fitz-James Stuart, sobrino-bisnieto de Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, XII duque de Alba. A lo largo de la historia entroncó con importantes casas nobiliarias y otros muchos títulos por incorporación de otras casas nobiliarias debido a casamientos y herencias. La Casa de Alba es propietaria de una de las mejores colecciones privadas de arte de España, concentrada en más de 20 palacios y castillos.

Su titular ha venido siendo Cayetana Fitz-James Stuart Silva, XVII duquesa de Alba, por su condición de Marquesa de Villena, uno de sus más de 40 títulos nobiliarios que ostentaba hasta su muerte, el 20 de noviembre de 2014. Poseía más títulos que ningún otro noble en el mundo. Era cinco veces duquesa, dieciocho veces marquesa, veinte veces condesa, vizcondesa, condesa-duquesa y condestablesa, además de ser 14 veces Grande de España. Su fortuna estuvo considerada como una de las más grandes de España, fortuna que ha pasado a su heredero primogénito, Carlos Fitz-James.

El porqué de este escudo y la relación de la Duquesa de Alba con Quintanilla es debido a su condición como XXV condesa de San Esteban de Gormaz, y por tanto del pueblo, título que ostenta desde el 18 de febrero de 1955. En su día estos títulos reportaban rentas patrimoniales a la nobleza.   

Escudo de armas del apellido Montoya

Se trata de un escudo de azur y 10 panelas de plata, bordura de sinople con el cordón de la orla religiosa de San Francisco. Los Montoya proceden de un antiquísimo solar de la provincia de Álava. Montoya quiere decir “pastizales entre juncos”. Al expulsar los Reyes Católicos a los judíos, la gente del norte fue  descendiendo llegando a establecerse en el Sur y dejando en el camino varias ramas. El escudo aquí representado puede que tenga mucho que ver con la heráldica episcopal. Lo más probable es que se trate del escudo/blasón del obispo Pedro García de Montoya (1454-1474), quien ordenó amurallar la población. El escudo (10 panelas) puede verse en diversos lugares de la catedral. Montoya fundó el viejo hospital de San Agustín, donde se puede ver su escudo de armas.

Escudo de Castilla

Según afirman algunos historiadores, como Menéndez Pidal, el escudo de Castilla puede remontase a una fecha cercana al año 1175 con los primeros símbolos heráldicos. El primer emblema aparece en los sellos con una clara connotación territorial dentro del ámbito nobiliario. En él se destaca el deseo de soberanía frente al reino de León. Resulta evidente que su representación aquí viene condicionada por el arraigo de estas tierras a la nobleza castellana, cuya dependencia ha estado vinculada en todo momento a través de un organigrama feudal. 

 

Cristo de la Misericordia

  

 

Cristo de la Misericordia

 

En la iglesia no hay tallas que descuellen por su antigüedad, a excepción del Cristo de la Misericordia, que se encuentra en un pequeño altar en la parte izquierda del templo. Una talla de suma belleza a tamaño natural que acentúa todavía más la incógnita de su primitiva ubicación. Su estilo es de transición, de finales del gótico y comienzo del renacimiento (S. XV-XVI), de la misma época que la iglesia. Semejante en su decoración y tendencia al Cristo de Bayubas, con una representación en la tabla del fondo de la ciudad de Jerusalén y se diferencia de aquel en los motivos de “la hora de la muerte del Señor” con el sol y la luna, uno a cada lado de la Cruz en la parte superior, en un lenguaje claramente popular.

Esta escultura es de una factura fantástica y se encuentra más cercana en los detalles de la anatomía del torso con su esquematismo de las costillas o las piernas, a la figura el Cristo del retablo de Valdanzo de finales del gótico de índole popular. Sin embargo su cabeza, que muestra un asombroso realismo de rasgos judíos, es magnífica; tiene la corona de espinas rodeándola a la altura de su frente, de gesto indolente en posición frontal y erguida, con barba y facciones calmadas, quizá en los momentos previos a la muerte. Es el Cristo que se hace amable, no sólo cuando perdona desde la cruz al buen ladrón, sino y sobretodo, cuando redime al género humano su Gracia serena, trasmite en su sencillez, la paz de la misericordia sobre los hombres.

La talla esbelta y hasta cierto punto esquematizada, está más cerca del Gótico que del Renacimiento, su ligero movimiento de contracción de las piernas, la superposición de los pies, el derecho sobre el izquierdo, para ser clavados por un solo clavo y el estudio del tórax, así lo muestran. Los pliegues del paño, que son de un modelado encantador, junto con la cabeza, se acercan más al Renacimiento. Su policromía es de escuela castellana popular, con la exageración de la sangre que recorre los brazos y el costado.

En conjunto es una magnífica pieza de arte del período de transición comentado, y que demuestra una antigua iglesia, anterior a la actual que es del siglo XVIII, y recuerda la existencia de los tres barrios, origen del actual pueblo. Lo prueba también el dintel de la entrada interior a la iglesia que es renacentista, con su inscripción y la existencia de tres tallas de la Virgen de épocas todas ellas anteriores a la construcción de la iglesia.

 

Virgen de la Piedra

 

Virgen de la Piedra

 

Justo en frente está el otro pequeño altar dedicado a la patrona del pueblo, la Virgen de la Piedra. Una imagen que si bien no tiene un valor intrínseco como joya de valor, sí posee el profundo sentimentalismo de la gente del pueblo y de los creyentes que la veneran. El porqué del nombre sigue siendo un enigma interpretativo, aunque muy bien pudiera estar relacionado con su aparición en algún lugar rocoso. La Virgen de la Piedra es una de las representantes presentes en la celebración de la Concordia entre los pueblos de la comarca de San Esteban de Gormaz.   

 

Las campanas

 

 

Campanario

 

Respecto a las campanas se sabe que el pueblo llegó a tener un contrato de mantenimiento con una fundición que hubo en Bayubas de Abajo. En el año 1940 se fundieron las campanas y su fundidor fue Pablo del Campo Albarado. En el comentario que aparece al respecto se habla de que la causa pudo ser la Guerra Civil, pero resulta improbable porque en el pueblo, que se sepa, no hubo ningún bombardeo. Los yugos son del año 1892.  En la ficha realizada por Miguel Abajo y Dionisio Chamarro del inventario de las campanas  (año 1999) dicen sobre su descripción que la espadaña del vano izquierdo tiene un diámetro de 93 centímetros, una altura de 80 y un peso aproximado de 305 kilos. Sobre su Epigrafía comentan: “Del último cordón del Tercio cuelgan rombos con cruces, que alternan con puntas, con decoración vegetal y geométrica. La inscripción central tiene a su izquierda una custodia y a la derecha el cordero místico. A los lados de las letras hay unas tiras con motivos florales. En el pie hay una mano bendiciendo y Santa Bárbara. La cruz se alza sobre basa escalonada de cinco alturas, hecha con cuadrados con estrellas de ocho puntas. Rodean la cruz puntas y rematan los brazos, dos en vertical, y haces”. Por lo que respecta a la otra campana, en el año 2007 Francesc Llop i Bayo hace actualización de la ficha en la que constar que tiene un diámetro de l metro y un peso de 379 kilos, ambos aproximados, y respecto a su instalación dice que “es original y debe ser conservada para proteger la sonoridad y otros valores culturales. Cualquier mecanización deberá conservar estas cualidades, reproducir los toques tradicionales y permitir los toques manuales”.

Unas campanas que en su día tuvieron una función primordial cuando el sacristán las hacía tañer diariamente anunciando el horario o avisando de algún acontecimiento: misa, muerte, incendio, repiques, etc. 

 

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