QUINTANILLA DE TRES BARRIOS

Sacristán y campanero

 

El tío León, sacristán y campanero

 

El sacristán era el encargado de cuidar de la sacristía y al mismo tiempo de la limpieza y el ornamento de la iglesia, también ayudaba con su latinajo al servicio del altar e incluso cantaba en el coro. Las funciones del sacristán eran abrir y cerrar la iglesia, tenerla en perfectas condiciones, tocar las campanas, tener todo listo y preparado para el ofertorio, limpiar los ornamentos y vasos sagrados, llenar los copones de hostias, preparar las vinajeras, encender y apagar las velas y las luminarias. Además llevaba la importante función de tocar las campanas cuantas veces fuera preciso, en la misa o fuera de ella. Hasta hace algunos años, la campana en el ámbito rural, y el pueblo era un ejemplo evidente de ello, fue el medio de aviso y comunicación a través del cual se estructuraba  la vida del pueblo marcado por el ritmo de las horas y de los acontecimientos. La voz de la comunidad eran los toques y los repiques de las campanas. Diariamente, tres veces, ocasionalmente algunos más.

Los últimos sacristanes del pueblo, que se recuerde, fueron el tío Secundino y el tío León. Pero antiguamente, este oficio o profesión se compaginaba con los de maestro y fiel de fechos (hechos), recayendo los tres en una misma persona que se entiende era el más ilustrado y tendría ciertas nociones o estudios generales. Era práctica normal que el sacristán, quizá por sus conocimientos algo más avanzados al resto de la población, viniera desempeñando tales tareas conjuntamente y que el pueblo le pagase por todas ellas en una misma soldada.

A tenor de los documentos hallados en el Archivo municipal, nos consta contratos llevados a cabo por el Ayuntamiento para ocupar dichos cargos en las personas de Manuel de la Cal que ejercería en año 1824, y Manuel Molinero que lo haría entre 1841 y 1847.

El documento detallado para contratar sus servicios se describe en los términos siguientes:

En el lugar de Quintanilla de Tres Barrios, a ocho días del mes de septiembre de mil ochocientos cuarenta y uno, en sesión extraordinaria del Ayuntamiento presidida por el Sr. Santiago Gómez, Alcalde Constitucional del mismo, Rafael Aguilera y Lucas Hernando, regidores, y Benito García, síndico general, individuos que componen el mismo Ayuntamiento. Reunido el vecindario a efectos de ajustar Sacristán, Fiel de Fechos y Maestro de niños. Ante todos pareció (apareció) presente Manuel Molinero, sirviente de dichos cargos en la villa de Alcubilla del Marqués y dijo: que por la presente Escritura se constituye y obliga a servir y delepensar? dichos cargos por tiempo y espacio de un año que dará principio en el día de Todos los Santos, 1 de noviembre de este año y finará en igual día del año venidero de 1842 bajo las condiciones siguientes: =1ª Es condición que el referido obligado ha de asistir al cura y a la iglesia en todos los casos que ocurra teniendo…y corrientes la lámpara y demás ornamentos sagrados. =2ª Que ha de tocar al mediodía, al alba y oraciones a las horas de costumbre; y también ha de tocar al nublo y niebla desde la Cruz de Mayo a la de Septiembre, o hasta que se coja el fruto de la labor, siendo de su cuenta el tocar ambas campanas de día y por tocar la que está a cargo del vecindario se le ha de dar tres medias de trigo y de noche se le ha de dar una persona que el acompañe, =3ª Que ha de asistir a todos los casos de Ayuntamiento, ejerciendo en todos los casos las funciones de Sacristán; =4ª Que ha de dar formación y escuela a todos los niños que acudan a ella en todos los días del año, a excepción de los no permitidos por reglamento, y será obligación de sus padres el enviarlos desde la edad de seis a diez años, y los dichos padres le pagarán a tres celemines de trigo por leer y a seis por escribir, leer y contar; =5ª Es condición que ha de formalizar un testamento por la retribución de cuatro reales falleciendo el enfermo y no falleciendo dos reales; =6ª Es condición que por cada que se emplee en inventarios o cuentas de diferentes se le ha de dar por los herederos a cinco reales en cada uno, en la inteligencia… que en el primero y último día sólo…tiene la comida y no dándole de comer en todo…de inventario, a siete reales diarios; =7ª Es condición que por cada clamor de adulto ha de cobrar a real y siendo párvulo a seis…;=8ª Es condición que por cada hijuela que traslade para protocolizarla, se ha de pagar a cuatro reales cada una, tenga pocos o muchos bienes; =9ª Es condición que por cada viaje que se le mande hacer se le ha de abonar siete reales y medio por día. Es condición que por su ocupación y trabajo se le ha de dar de salario veinticuatro fanegas de trigo de buena calidad cobrado en las eras y se le ha de dar libre de tasas y contribuciones. Últimamente… que de robla ha de dar dos cántaras de vino en cada año y una cántara por cobrar, y es salario ganado en los Santos.

Bajo cuyas condiciones se obligó dicho otorgante como buen salario a su entero cumplimiento sometiéndose a las… que le compelen a su cumplimiento. Para que conste lo firmaron dicho otorgante con los señores del Ayuntamiento y vecinos el que supo”.

El último campanero de Quintanilla, el tío León, fue el exponente de una generación de oficios que han ido desapareciendo paulatinamente. El tío León, apodado "el Cavila", fue además el "plin" del pueblo, o sea el electricista. Hoy todavía es posible escuchar algunos de los toques de campana de antaño. El del alba, el del mediodía o el de la oración han desaparecido por completo porque el reloj los ha suplido y el campanero, en este caso el sacristán, ha dejado de existir. La figura del campanero era clave en el devenir del pueblo.  Por las funciones generales que realizaba gozaba de un pequeño sueldo que le pagaba el pueblo que si bien no le daba para vivir contribuía a hacer más llevadera la siempre austera situación por la que atravesaban la mayoría de las familias. En determinados acontecimientos, como las bodas, los bautizos, misas particulares se le pagaba por “igualas”, generalmente en especie más que en dinero, una lata de trigo o cualquier otro cereal, patatas, o cualquier otra cosa que pudieran acordar. Porque las iguales era lo más parecido al trueque, pago por un servicio en especie.

Los toques eran diversos y variados en función del hecho que lo generara. Una misa, un incendio, una defunción, un acontecimiento festivo…, daba lugar a que la campana sonase con toques o con repiques. En el pueblo, como en todos, los toques de campana estaban vinculados al acontecimiento que lo generaba. Había toques diarios fijos como eran el toque del alba, el del mediodía o el de la oración y otros ocasionales. Además del sacristán, el pueblo nombraba cada año unos cargos que recaían por orden o adra entre los vecinos del pueblo que pudiera realizar la función, o sea gente más bien joven. Eran cargos como por ejemplo, enterradores o campaneros. Los campaneros tenían la misión de tocar y voltear las campanas en determinados eventos, días festivos y otras ocasiones. Solían ser entre dos y cuatro y se nombraban el domingo de Resurrección en la reunión que la Cofradía de Hermanos de la Vera Cruz solía hacer para rezar por los difuntos, nombrar cargos y merendar.

Toque del alba. La finalidad era despertar al vecindario. En tiempo de verano tenía lugar a las seis de la mañana, en tiempo de invierno a las siete. Se representaba mediante cinco golpes de badajo y así hasta treinta campanadas. Después tres campanadas mucho más lentas. El espacio entre un toque y otro era tal que se podían contar. Se dice que se relacionaban con la edad de Cristo. Como anécdota, en cierta ocasión al tío León se le colgó el sueño y despertó al vecindario una o dos horas más tarde.   

Toque del mediodía. O popularmente “a comer”. Anunciaba las 12 horas a las gentes del pueblo, particularmente a aquellas que se encontraban en el campo para que fueran dejando de trabajar. El sistema de toque era un golpe de badajo y uno de la campana grande. Así 12 veces, el último toque quedaba unido a la de esta hora. La velocidad dada era la máxima que permitía las cuerdas que unían al badajo de las campanas. Por lo general, los toques solían realizarse desde abajo, donde colgaban las cuerdas junto al confesionario.

Toque de oración.  Tenía como finalidad la llegada de la noche, especialmente para la orientación horaria de la gente que se encontraba en el campo. En invierno acaecía a las 9 de la noche y en verano a las 10. Eran cinco toques de badajo, otros cinco de la campana grande. Así hasta nueve veces.

Toque de misa. El primer toque sonaba como un cuarto de hora antes de su comienzo y consistía en el toque de repique de ambas campanas y terminaba con unos toques intermitentes de una y otra. El segundo toque igual que el anterior pero sin repique, sólo unos cuantos toques anunciando que apenas faltaban diez o menos minutos. El tercer y último toque, lo mismo que el segundo anunciando que apenas faltaban cinco minutos.

Toque de rosario. Se trataba de anunciar el inicio del rosario todos los domingos y días festivos y todos los días del mes de mayo. La hora habitual eran las cinco de la tarde. Media docena de toques de badajo.  

Toque de difuntos. Se emitía mediante un golpe de badajo de la campana pequeña y otro de la grande de manera pausada. Se trataba de un toque de larga duración con cambio lento y paulatino de la velocidad. A la hora del entierro se tocaba uno antes de la misa y otro después; el primero duraba desde la salida del cortejo de la casa mortuoria hasta la llegada a la iglesia; el segundo duraba desde la salida de la iglesia hasta la llegada al cementerio.

Además de acompañar los entierros, previamente este toque servía para anunciar el fallecimiento, tanto si el muerto había fallecido en el pueblo como fuera de él. Antiguamente los toques diferenciaban el sexo y la edad del fallecido: tres toques si se trataba de un hombre; dos si era una mujer; y se tocaba a gloria cuando era un niño.

Toque a clamores. Para anunciar que había muerto algún vecino del pueblo. La manera de hacerlo era mediante toques lentos y espaciados.

Toque de vísperas. Tenía lugar la noche anterior del día de fiesta de guardar, o sea de las señaladas en el calendario. Media docena de toques de badajo. Había ocasiones en que se tocaba por la mañana, como por ejemplo el día de juevesanto en que a las 12 se llamaba a la gente del campo a que dejara de trabajar.

Toque de fiesta. Se tocaba para anunciar que era fiesta y no se podía trabajar. Volteo de campanas como anuncio del hecho.

Toque de perdido. Acaecía cuando se tenía conocimiento de que una persona faltaba de casa con la finalidad de orientar a la persona que pudiera haberse extraviado.

Toque de fuego. Se volteaba una de las campanas y se daban toques de badajo con la otra. Así repetidamente durante un largo rato. Era la manera de llamar y convocar al vecindario tanto del pueblo como de los limítrofes.

Toque de tormenta. Volteo de campanas para anunciar que una tormenta peligrosa se cernía sobre el pueblo. En Quintanilla era costumbre cuando se desataba una tormenta de piedra, voltear las campanas y sacar alguna de las imágenes a la puerta de la iglesia para que contemplara la desolación. También individualmente cualquier imagen que se pudiera tener en casa. Otra de las creencias era sacar los 12 cantos que se cogían el día de sábado santo como medida de protección.

Toque de rogativas. Repique con el badajo de ambas campanas. Se hacía en las Rogativas acaecidas para pedir agua y también en la bendición de campos. Duraba tanto como duraba la procesión.

Volteo. Normalmente ocurría en las celebraciones festivas y por lo general el día de la víspera. En la procesión se voltean una o las dos campanas, siempre que haya voluntarios que se presten a voltearlas, ya que al menos se necesitan más de dos para poder mantener la intensidad y el relevo. El cansancio es notorio e incluso el peligro que puede generar.

También se producían toques de “a los oficios” que eran los que de alguna manera servían para anunciar un acto, la misa, acudir a la reunión del vecindario, hacenderas, etc. Casi todos los toques, a excepción de la misa, algunos festivos y difuntos han desaparecido del escenario.

   

Alguacil

 

 

             

 

El tío Jesús, el "Cachucho", y el Ángel, últimos alguaciles

 

Este oficio tenía mucho de hacerse oír y también lo contrario, hacer callar. Porque entre otras funciones, el alguacil era quien ponía orden en las reuniones del Concejo cuando se levantaban voces por doquier con un rotundo “oigan ustedes, al orden”. Al alguacil lo nombraba el Ayuntamiento y pasaba a formar parte de él como un miembro más del equipo de gobierno. Era lo más parecido a un funcionario dotado de cierta autoridad para la ejecución de órdenes que le daba el alcalde o cualquier otro de los regidores. Hacía los recados y los encargos que se le ordenaba, por lo general avisar de que había una reunión de concejo, citaba para algún juicio entre vecinos, y especialmente echaba bandos por las calles. Esto último, a lo largo de los tiempos ha ido sufriendo variaciones. Antiguamente los bandos se realizaban de viva voz, después con repique de tambor y finalmente mediante corneta. Iba dando la vuelta alrededor del pueblo y se paraba en lugares estratégicos establecidos, por lo general en esquinas, desde donde después de hacer notar su presencia mediante el artilugio, anunciaba el motivo del bando subiendo cuanto podía el tono de voz para que llegase la voz al interior de las casas.

 

El tambor para echar el bando

 

Los últimos alguaciles del pueblo fueron el tío Jesús García, popularmente conocido como “el Cachucho”, que permaneció en el cargo durante muchos años, y terminó cerrando el ciclo Ángel Torre, con el que se extinguió definitivamente el oficio. 

 

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