QUINTANILLA DE TRES BARRIOS

En este apartado trataremos de ir recogiendo aquellas actividades puntuales que vayan surgiendo en el ámbito del ocio, la cultura, las tradiciones y todo lo que resulte de un cariz ambiental. Un espacio para dar a conocer la viva actualidad del cotarro del pueblo.

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Ánimas, parrillada y la Machorra

 

...fiestas del pueblo. Como manda la tradición, el 31 de octubre se celebra la costumbre de correr la Machorra por el pueblo, un acontecimiento que para quienes no conozcais su contenido, podéis informaros entrando en el apartado Conoce Quintanilla, Tradiciones.

 

 

             Los disfraces se hicieron un hueco en el ambiente de la noche

 

Todo lo relacionado con el mundo de los muertos cobra protagonismo en estos días. El más allá, las ánimas, el purgatorio tienen un papel preponderante en esta celebración. Pero apenas se rememora. De nuevo cuño, halloween, los disfraces, las máscaras, etc. se van imponiendo y especialmente entre los jóvenes que tienden a disfrazarse para la ocasión. Todo ello en detrimento de costumbres y tradiciones del pueblo que se han venido conservando y las estamos olvidando. Una pena que no sepamos transmitir la identidad propia y nos prestemos a acoger las de otras culturas.

 

 

  

 

 

En estas fotografías se puede apreciar el trabajo realizado por los chavales en el taller que tuvo lugar para hacer los disfraces, las calabazas y demás detalles con los que crear ambiente y dar originalidad al evento.  

 

 

  

  

  

  

 

Para abrir boca, nada mejor que una parrillada para la cena. En estas imágenes se aprecia lo bien acompañado que estaba el fuego por si se escapaba alguna sardina. No hubo ocasión de salir corriendo tras ella porque había otro animal con patas y sin aletas que seguramente saldría de estampida. 

 

 

Al pie de 80 comensales se dieron cita en la cena para degustar las sardinas, la panceta, y el chorizo, las morcillas y las costillas a la brasa. Un apetitoso menú rociado con vino de la tierra, en un ambiente cordial y ameno. 

 

  

La machorra hizo acto de presencia para cumplir con su papel, se prestó a los flasses de sus fans, posó para ellos, dio unos balidos para solicitar la cena antes de darse una vuelta por el pueblo para ver la noche que hacía (luna llena) y corrió a sus anchas porque tenía por delante todo un campo abierto donde cobijarse. Nadie vio por dónde se esfumó, de tal modo que los jóvenes salieron a buscarla para devolverla al redil por si la acechaba el lobo.

 

 

El día de Todos los Santos se celebró una comida de hermandad en la que se sirvió una caldereta que por el aspecto que puede apreciarse seguro que estaría muy apetitosa.

  

 

 

 

A ella se dieron cita una cuarentena de comensales que escenificaron el ambiente que por lo general dignifica a los pueblos que se unen en armonía y hermandad, como mandan los cánones de las gentes que se prestan a participar en actos, labores y ágapes. Ejemplo que debe cundir cada vez más teniendo en cuenta que la animación se hace de rogar y cada vez baja más enteros. Que el próximo año la participación sea aún más numerosa y llamativa.  

 

Fotos: Joaquín Liaño, Eve, Mila y Nines Carro y Constan Romero.

 

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Una comida para rememorar la fiesta del pueblo 

 

...para recordar todas las manifestaciones festivas dignas de reseñar. La fiesta principal del pueblo, en honor de la Virgen de la Piedra, tuvo su calendario en los días 19 y 20 de octubre, con las cosechas prácticamente acabadas, aunque en ocasiones la vendimia se celebraba acto seguido de la fiesta.

 

El olor no se aprecia pero el aspecto dignifica el sabor

 

Una conmemoración considerada pobre, porque tan sólo se limita a la comida de hermandad y no recoge ni siquiera el testimonio de la misa o los juegos populares para darle cierto empaque y consideración.

 

¡Qué mejor amistad que la que se comparte en una mesa de pensamientos diversos!

 

Ello contribuye a la pérdida de vínculos y de concordia o hermandad que va quedando en el pueblo. En ambos casos por desidia, indiferencia y otros poemas que van reinando en el ambiente que se rezuma. 

 

 

La treintena de comensales reunidos a la mesa 

 

Algo que no deja de ser nocivo para su bienestar teniendo en cuenta que va camino de... Falta un profundo examen de conciencia de cada cual para valorar lo que nos interesa del pueblo y lo que aportamos y valoramos de él.

 

 

Con la comida acabada, la charla

 

La fiesta de octubre era la cumlminación del descanso merecido tras un largo periplo dedicado al campo. Con los cultivos práctimente recogidos y si la cosecha había sido más que considerable, la gente disfrutaba de lo lindo de estos días. Y si no, también. 

 

 

A las sobras, reposando la comida

 

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Vendimia y mosto. Tradición venida a menos

(Octubre, 2016) 

 

 

 

Diferentes imágenes mostrando momentos de la vendimia en viñedos del pueblo

 

La vendimia ha obtenido en este ejercicio una nota alta. Alta en cantidad y en calidad. Los condicionantes atmosféricos han estado de su parte y han condicionado que el fruto haya sido excelente. Los viticultores han salido satisfechos con la recolección obtenida puesto que la merma de la uva por falta de lluvia ha sido recompensada por los kilos recolectados. 

La vendimia ha dejado de ser una tradición fuertemente arraigada para convertirse en un mero trabajo recolector. Poco o nada queda de aquel ambiente memorial que mantenía ocupado durante al menos una decena de días a los hombres, pendientes exclusivamente del mundo del vino. Cierto es que cuarenta años atrás había mucha más extensión de terreno plantado de vid. Hoy, a pesar del prestigio de la uva para su comercialización, cada vez más va desapareciendo del panorama territorial del pueblo. 

 

 

 

 Diferentes imágenes del proceso del estrujamiento y del prensado de la uva

 

El método tradicional de hacer el vino tiene muy pocos adeptos en el pueblo. Se van imponiendo otros procesos más eficaces que contribuyen a que el trabajo sea mucho más llevadero y el vino gane en calidad. 

Lo de pisar a pie en el tino de la lagareta, hacer el castillo sobre la uva, levantar el pilón para su prensado, utilizar la media cántara para extraer el vino de la pililla, repartir los reos equitativamente, o lavar la cara  con uvas a las mozas  ha pasado a la historia. El proceso tradicional por el que siempre se han guiado ya no es santo de devoción. Cierto es que son muchos y diferentes motivos los que condicionan el mundo actual con el de hace décadas. Pero estamos ante uno más de los síntomas que van dando al traste con la singularidad y la idiosincrasia de la vida de los pueblos. Un proceso más de desintegración y desapego a lo tradicional. 

 

  

 

 

 

 

                            Bodegas donde aún es posible mantener el vino 

 

Tan contrastado resulta, que ya no se utilizan tanto además los toneles o cubetos para el proceso de fermentación del mosto. Lo suplen recipientes metálicos en los que es más fácil controlar los niveles de temperatuñra, glucosidad y tonalidad. Al final el la vista, la nariz y el paladar son los que harán de jueces entre lo tradicional y lo moderno. De todo habrá que haya salido de la viña del señor. En cualquier caso las bodegas aún siguen haciendo de contenedoras de vino... y de mucha más agua. Una pena. Hasta eso se traga a la tradición.  

 

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San Isidro y la Bendición de campos 

                                        (15 de mayo)

 

 

En un mes de mayo cargado de tradiciones no podía faltar la fiesta de los labradores, san Isidro. Una fiesta que si bien no reune las condiciones de décadas atrás no por ello deja celebrarse año tras año. El día se presentaba espléndido para la ocasión y la gente del pueblo y allegados participaron en la ceremonia para rememorar al santo.

Santo guardián, custodio, que a pesar de que la limitación al campo en el pueblo no tiene paralelismo con décadas atrás, sigue teniendo un cariño especial.

Tras oír misa, el séquito se desplazó hasta el paraje de la Cruz de la Veleta donde tuvo lugar la bendición. 

 

 

 

 

 El pendón, a la salida de la iglesia, encabezando la procesión



 Fieles a la celebración enfilando el alto hasta la Cruz

 

En el trayecto se va rezando y cantando. Especial de este día es la canción dedicada a San Isidro Labrador: Glorioso santo pobre y honrado, que desde el cielo todo lo ves, mándanos el agua a nuestros campos si necesitan alguna vez.

Fervor y pasión que en otros tiempos era súplica cotidiana para que los fenómenos atmosféricos se cuidasen de mantener en buen estado los sembrados.

 

El sacerdote iniciando el proceso de bendición

 

En esta ocasión, la ceremonia corrió a cargo de un sacerdote, David, y de un diácono, Alejo, que pusieron el tono a las canciones y oraciones. Bendecir los campos es dirigirse a cada uno de los puntos cardinales del término e ir orando por el buen designio de los mismos. Incienso e hisopo en mano, el sacerdote va orando para preservales. Después quedan a designio de las fuerzas naturales que actúan a su condición. Las heladas, aún en mayo, y los apedreos andan al acecho. 

 

 

Otro instante de la bendición

 

Una vez bendecidos, es costumbre coger tomillo para tenerlo en casa como una especie de amuleto o signo de protección. Antiguamente era costumbre colocar cuatro crucecitas de cera de cuarterón en cada uno de los cuatro lados de la cruz, a modo de bendición de todos los puntos cardinales. Duraban poco porque una vez empezaba a desfilar la procesión de vuelta al pueblo, siempre había algún rezagado que se quedaba para llevárselas.

 

 

Fieles participantes orientados hacia uno de los puntos cardinales

 

Además de los fenómenos atmosféricos mencionados, uno de los problemas para el campo durante el mes de mayo solía ser la falta de lluvia. Cuando ello se hacía esencial se llevaban a cabo las Novenas y Rogativas. Era un proceso largo, si la lluvia no hacía acto de presencia, que podía durar más de un mes. 

 

Escuchando la lectura del sacerdote 

 

Primeramente se ponían en escena en el pueblo, con un novenario que congregaba a la gente del pueblo en la iglesia por la noche para rezar por la súplica del agua que tanta falta y necesidad hacía. Plegarias encaminadas a evitar que la catástrofe no se cebara con los campos, con los sembrados, con las cosechas, porque de ello pendía y dependía su subsistencia. Un año en blanco podía suponer la ruina de la familia. 

 

  

Los fieles siguiendo las evoluciones del sacerdote 

 

La vida del campo siempre ha sido muy frágil y dependiente de las fuerzas naturales. Y en tiempos de dificultades no había seguro que cubriese las pérdidas ocasionadas. Todo quedaba a merced del rezo y del fervor religioso para mantener viva la esperenza. 

 

 

 Recogiendo el dulce fruto de la siembra, caramelos

 

Tras la ceremonia, uno de los momentos más esperados es el de la recogida de los caramelos, que en esta ocasión "sembró" el labrador Eusebio, experto en el campo. La plaza fue el punto de recogida para acabar la jornada en la cual se habrá encomendado al santo patrón la protección de sus campos.  

 

 

Cuesta, a veces, doblar los riñones, aunque sea para endulzarse 

 

Cuando la Hermandad de Labradores y Ganaderos era una organización de arraigo en el pueblo, el Jefe de la Hermanda era quien solía tirar los caramelos y confites. Para la ocasión se engalanaba una yunta de machos y una persona hacía de San Isidro. Se desfilaba por las calles del pueblo en procesión y se iba lanzando las golosinas para deleite de los más pequeños, y no tanto, que se agachaban y volvían a agacharse a recogerlas.

Los hombres, por la tarde, se reunían en el Salón a merendar para poner broche final al evento. Como lo ha puesto este año el pueblo haciendo una parrillada para reunir a todos los labradores de tradiciones que participan en ellas. Costumbres que no debieran perderse. 

 

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Celebración de la Atalaya

                   (7 de mayo de 2016)

 

 

 

 Tras el almuerzo, regreso al pueblo siguiendo los cánones establecidos

 

Un año más, el pueblo ha testimoniado una de las tradiciones de más arraigo y consideración en el calendario festivo. Antiguamente la Atalaya formaba parte de la segunda fiesta del pueblo que se celebraba en el entorno de la Ascensión. Miércoles la Atalaya y jueves la Ascensión pasaban por ser días de alegría y satisfacción. Alegría más consumada si el campo se presentaba idóneo. Satisfacción por hacer un alto en el camino del esfuerzo diario en las labores del campo. Las fiestas principales del pueblo tenían lugar en dos momentos cruciales del calendario agrícola. Uno cuando el campo empezaba a emerger (mes de mayo); otro cuando la cosecha había llegado a su fin (20 de octubre, fiesta principal).

 

 

Procesión saliendo de la iglesia camino de la Ermita

 

En este entorno y ambiente, la gente del pueblo disfrutaba de un par de días de asueto y algarabía para resarcirse del trabajo acumulado y a la espera de que el designio le resultara productivo. Acaecía en un momento clave, crucial, en el que había puesto el germen y esperaba el fruto. Mes de Mayo, mes de María, mes de bendiciones y de esperanza, mes de rezos y oraciones para que el campo le reportara la cosecha esperada. 

 

 

La comitiva marchando por el campo 

 

La Atalaya pasa por ser una celebración con un motivo y un origen que no resulta del todo bien conocido. El hecho de que la torre vigía sea el punto de destino pudiera ser debido a una conmemoración en concreto o a una simple romería en un ambiente festivo. ¿Porqué sólo los varones? ¿Una jornada de convivencia entre padres e hijos en unos tiempos en que la separación de sexos era (casi) una imposición? ¿La celebración de una batalla en la que los varones eran los protagonistas? ¿La celebración de un acontemiento importante que repercutiera en el pueblo: pleito judicial entre la Mesta, la mayor organización ganadera existente en España, y el pueblo, por roturar éste un terreno junto a la atalaya impidiendo la estabulación del ganado? 

 

 

 La comitiva dirigiéndose a la Ermita para celebrar la misa

 

La procesión por el campo trae a la mente aquellas rogativas que se celebraban décadas atrás en petición de súplica de agua cuando las nubes no rasgaban sus cortinas para regar los campos. El escenario no era el mismo pero la imagen es una copia similar. Primero las Novenas y después las Rogativas en el propio pueblo, en la cabecera de la comarca (San Esteban de Gormaz) o en la villa episcopal de El Burgo de Osma, testimonian lo acontecido. 

 

 

Insignias e imágenes encabezando la procesión a las puertas de la Ermita

 

Parte de la incógnita de esta celebración sigue siendo el hecho de que imágnes como la Virgen de la Piedra, san Joaquín y Santa Ana, salgan de la iglesia hasta la Ermita para celebrar una misa y volver por la tarde a su ubicación habitual, la iglesia. Aunque actualmente a la Ermita se le denomine de la Virgen de la Piedra, en todos los documentos anteriores aparece como Ermita de Nuestra Señora de la Fuente. Una talla de una Virgen aparecida años atrás podría dar pie a pensar si sería la inquilina de dicha Ermita.  

 

 

El fervor de la gente del pueblo sigue latente en esta tradición 

 

La congregación y la devoción de los hijos del pueblo y de todos los acompañantes que se suman a la conmemoración son dignos de consideración, pues a pesar de la mengua de gente en contacto directo con él, no dejan de acudir a celebrar una fiesta que se resiste a perder su identidad. 

 

 

Portadoras de la imagen de la Virgen, sonrientes como lo manda la ocasión

 

En la Ermita el sacerdote oficia la misa y al final de la misma se canta la Salve, canción emotiva y solemne que congratula a los asistentes y pone el broche final a este primer acto de celebración de la tradición. 

 

 

Asistentes a la ceremonia provistos de paraguas por si la ocasión lo requería

 

Con el cielo encapotado, había que proveerse de cualquier método o sistema para evitar en lo posible no mojarse. El panorama barruntaba lluvia y los pronósticos se hicieron realidad. Un tramo del camino se hizo bajo unas tupidas nubes que descargaron de sus entrañas licuosas gotas que por momentos presagiaron seguir el camino o regresar al pueblo. Por fortuna el tiempo se esclareció y dio paso a una mañana plácida, como la ocasión lo requería. 

 

 

La lluvia levantó sospechas sobre la continuidad hacia la Atalaya

 

Quizá fuera la letanía en latín que Constan volvió a rezar (en ausencia de sacerdotes que la cantaran, por segundo año consecutivo), la que despejara el panorama lluvioso y lo dejara esclarecido. El Ora pro Novis es un rezo adherido a la tradición en sí. Un rezo que forma parte del conglomerado del evento de la Atalaya y que los asistentes deben de respetar.  

 

 

Las nubes y el humo de las hogueras fundidos en un ambiente neblino

 

Costó lo suyo hacer arder los sarmientos para hacer fuego y asar las chuletas. La lluvia que irrumpió mientras la procesión tomaba el camino hacia la torre vigía hizo que prenderse los sarmientos costase más de lo esperado. No por ello la carne no estuvo en su punto.

 

 

Preparando las mesas para dar rienda suelta al apetito

 

No había tiempo que perder. Aunque el cielo se mostraba más despejado había cierta sospecha de que volviera a caer agua en el momento más innoportuno. La gana no se hacía esperar. 

 

 

Con la barriga llena, suele entrar somnolencia

 

Tras un par de horas de armonía y templanza, diálogos y chácharas, bien comidos y bebidos, tocaba descansar y reponer fuerzas, aunque ahora, ladera abajo, no había que poner la directa sino más bien la marcha atrás.

 

 

Cerramos con la misma imagen el regreso al pueblo 

 

Tanto a la ida como a la vuelta se sigue unos cánones y un orden establecido. Mientras se reza la letanía se ha de marchar con devoción, se cante o no. Se ha de respetar el contenido de la tradición, como queda dicho. Mientras se reza, el volteo de las campanas de la iglesia no cesa de sonar. Excelente trabajo el de los campaneros. Cuando se deja de rezar, durante un largo trayecto del camino, la marcha se hace informal. Un par de cientos de metros antes de llegar a la Atalaya, de nuevo se reza la letanía hasta llegar al pie de la misma; las campanas vuelven a sonar de nuevo.

Al regreso, ocurre lo mismo, se empieza rezando y tocando las campanas, se vuelve a parar en un punto determinado... y vuelta a empezar hasta acabar la letanía y cesa el tañido de las campanas. Se dejan las insignias en la Ermita y se sigue el camino al pueblo. 

 

Imágenes e insignias vuelven de la Ermita a la iglesia

 

Por la tarde, sin la misma afluencia de gente, tras cantar y rezar en la Ermita, se traslan las imágenes y las insignias hasta la iglesia. En el camino se van cantando canciones alusivas para  a la ocasión y el rosario también suele hacerse presente. Acto a la inversa tras haber permanecido las imágenes durante algunas horas en el interior del templo.  

 

 

 

La procesión enfilando la recta final a la iglesia

 

En la iglesia terminan los actos religiosos de la conmemoración de la Atalaya. Rezos y canciones ponen el broche y punto final a esta tradición que debe mantenerse activa y potenciar en la medida de lo posible para no perder el legado de nuestros antepasado y con ello mantener las raíces que identifican al pueblo. Es la memoria histórica que deber transmitirse de generación en generación. 

 

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Pingada del Mayo

     (2 de mayo de 2016) 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

                                      El Mayo desde enfoques diferentes

 

 

 

 ... en la plaza del pueblo tras la recuperarlo el pasado año después de estar perdida más de tres décadas. En la tarde-noche del sábado, un nutrido grupo de personas se desplazó hasta un lugar de la Carretera donde procedieron a la tala de uno de los ejemplares de chopo de mejor talle. Desde fue transportado a la plaza, lugar de ubicación, donde procedieron a enclavar el árbol tras haberle desmochado las ramas para hacer menos accesible el reto a los valientes que deseen atreverse a trepar a lo más alto para conseguir el señuelo, probablemente una botella de licor y una bolsa de naranjas, según la costumbre. 

 

 

El imponente ejemplar del chopo de 22 metros de altura

 

Aquí permanecerá durante todo el mes como símbolo totémico de la fertilidad. Antiguamente, al acabar el ciclo, los mozos volvían a despingarlo y a subastar el ejemplar, y con el dinero recaudado hacían una merienda. En este caso la merienda-cena se realizó antes de pingarlo para reponer fuerzas todos cuantos participaron en el evento. 

   

 

                            Participantes en la tala y transporte del chopo-mayo

 

Antiguamente corría a cargo de los mozos, pero la  mengua de población y la falta dejuventud para realizar la tarea ha hecho que la participación ciudadana sea unánime y todos los voluntarios que lo deseen se pueden sumar a echar una mano para pingarlo. En las fotografías aparecen los componentes del grupo en distintos momentos de la corta del chopo. 

    

                        Momentos decisivos en la preparación y corte del chopo 

 

Lo más importante es que las tradiciones ancestrales continúen vigentes para no romper el legado que siempre ha venido imperando y le ha dado ambiente y colorido a la vida del pueblo. Deseamos que estos ritos ayuden a revivir en lo posible el calendario folklorista del pueblo para darle la imagen perenne que se merece.

 

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 La matanza a la antigua usanza

(9 y 10 de enero de 2016)

 

 ... de la carne del cerdo como despensa secular para pasar toda la etapa posterior. La matanza era uno de los días más esperados del calendario costumbrista y tradicional del pueblo, pues no en vano empezaba una etapa en la que la esencia de la carne se hacía casi cotidiana. Los mismos días de la matanza ya eran de por sí dignos de consideración Por las comidas opíparas y exquisitas. Significaba una fiesta familiar a la que estaban invitados los más allegados y algo de ella podía ser catada por gente próxima o vinculada a la casa. Con el tiempo, cuando los chorizos y las güeñas estaban secas y se echaba en la olla junto con la costilla y el lomo, también eran días esperados pues se cataba el producto del cerdo con todo su sabor. 

 

  

 

 

 

 

   

En las imágenes, el chamuscado y la limpieza del cerdo, 

fundamentales para que la piel quede lo más intacta posible

 

La familia Carro Carro viene haciendo honor a la tradición y celebra cada año el acontecimiento. Un evento que sigue vivo y rememora aquellos tiempos pasados en que llegado el mes de diciembre, a partir de la Purísima, se levantaba la veda y los hogares iban matando el animal. Había que pedir permiso para ello, pagar una tasa y llevar las tajadillas al veterinario para su control.

Días había en que eran varios los vecinos que mataban a la vez y el gruñido de los animales y el ambiente matancero se dejaba sentir en el eco del frío invernal, en los que se veían los chuzos colgando del alero de los tejados. Por las noches eran los más jóvenes los protagnonistas al salir a dar la murga alrededor del pueblo manifestando su alegría por el festín.  

 

  

 

 

Eve, Nines y Mila en plena faena de limpieza y cosido de las tripas, y relleno de las morcillas. Unas expertas en estas lides que muy bien podrían ganarse la vida en el mundo de la chacinería.  

 

 

En las imágenes se puede ver el resultado tan espléndido de las morcillas una vez cocidas y colgadas en los maderos de la cocina para su oreo.

 

Las morcillas son una de las labores y elaboraciones típicas de la matanza. Se precisa un buen conocimiento tanto en el cosido como en la coción de las mismas para que no ser rompan. El contenido de las morcillas está hecho a base de pan, arroz, cebolla, sangre del cerdo, trocitos de tocino fritos, sal y condimentos. Las sopas morenas es otro de los platos típicos y exquisitos de la matanza y se hace prácticamente con los mismos ingredientes, excepto el arroz. Son riquísimas. 

 

 

 

Imágenes del cerdo en canal, del picado de la carne y de la misma condimentada 

 

En la matanza no todo el trabajo corre a cargo de las mujeres, los hombres también tienen su protagonismo. Matarlo, chamuscarlo, abrirlo y despiezarlo, picarlo... son funciones o tareas que quedan de su cuenta. El segundo día de la matanza, una vez oreado el cerdo, se despieza, se preparan los jamones, los lomos, los costillares y los huesos. Cada cosa con su condimento correspondiente. Se presisa una buena destreza, habilidad y tacto para separar algunas de las piezas del animal, que no resultan fáciles de dividir, para que vaya cada cosa en su lugar. En cualquier caso nunca será un desperdicio, pues se dice que del cerdo se aprovecha todo... hasta las pezuñas.  

Que les aproveche esta nueva matanza y puedan seguir celebrándolo muchos años más. 

Fotos: Familia Carro Carro. 

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Árbol de Navidad

(19 de diciembre de 2015)

 

El árbol luciendo en la plaza del pueblo

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

  

 

 

 

Instantáneas y momentos del proceso de la pingada del árbol de Navidad desde su ubicación en el pinar de los Quemados hasta su destino, la plaza del pueblo. 

 

Abajo, algunos de los colaboradores posando para la posterioridad después del esfuerzo realizado. Después vendría la cena de la Peña "El Coyote" para reponer fuerzas. Salud para cumplir. Y deseo e ilusión por seguir pensando por y para el pueblo. El esfuerzo y la dedicación serán reconocidos.  

 

 

 

 

Fotos: Marta Gañán y Constan Romero

 

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Celebración de la Machorra y comida de Todos los Santos

 

 

La tradición de correr la Machorra va consolidándose. Para este año, Nines preparó un par de talleres de maquillaje y calabazas para los chicos que salieron tan bien caracterizados que la oveja salió disparada cuando les vio de tal manera. El recorrido por las calles del pueblo fue visto y no visto porque duró el tiempo que la oveja tuvo la oportunidad de despistar a sus perseguidores y salir de estampida.

 

 

 

La Machorra va congregando cada año a un mayor número de expectadores que se dan cita para ver las evoluciones del animal sobre las calles del pueblo. Ejemplo de ello fue el casi centenar de personas que reunieron en torno a la mesa para degustar la cena servida. Un ambiente de cordialidad el que se vivió en la mesa que precedió a la corrida de la oveja por las calles del pueblo.  

 

 

 

La comida del día de Todos los Santos también congregó a medio centenar de personas que se sentaron a la mesa para degustar la sabrosa paella preparada por el chef Constan, experto en lides culinarias. Había que celebrar la que durante tantos años fue la caldereta de la machorra cuando se sacrificaba después de haberse dado una buena carrera por las calles del pueblo.

 

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Celebración de la antigua fiesta de octubre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

Rememorando las costumbres y tradiciones del pueblo, el pasado domingo 25 de octubre tuvo lugar una comida popular para conmemorar la que antaño fuera antigua fiesta principal que tenía lugar los días 20 y 21 de dicho mes. En ella participaron medio centenar de comensales que dieron cuenta de la caldereta preparada por un equipo de personas que se encargaron de darle consistencia al guisado. Una comida de hernandad que vino a ratificar el paisanaje entre la gente y ambiente amigable que reinó entre los asistentes. Tras la comida tuvo lugar el encuentro con las cartas para darle un aire festivo al evento. No hubo gaita y tamboril pero lo suplió la buena cordialidad. Es de considerar -y agradecer- que la gente del pueblo que perdura y siente su presencia continúe conservando y potenciando el abanico de costumbres y tradiciones que lleva aparejado el calendario festivo.  

 

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Celebración del día de la Atalaya

 

 

Como ya es tradicional, la Atalaya es una de las costumbres arraigadas al calendario festivo del pueblo que no se ha perdido. Perdura desde tiempos remotos y tiene unas connotaciones religiosas y lúdicas. Se desconoce su origen así como también el motivo que generó este evento. Antiguamente, el día de la Atalaya tenía lugar la víspera de la Ascensión (miércoles y jueves) y constituyó la segunda fiesta de Quintanilla.    

En la imagen podemos ver un momento de la procesión con todas las insignias (pendón, estandarte, Cristo y la Cruz, que portan, Saturnino, Inocencio, Alejo y Bernardino) así como la Virgen de la Piedra, san Joaquín y Santa Ana, que la portan las mujeres.  

 

Desde la iglesia se parte hacia la Ermita, donde tiene lugar la ceremonia religiosa. Una vez acabada la homilia, en la Ermita permancen las imágenes y las insignias son portadas por los hombres hasta la Atalaya. En el trayecto del camino -hasta lo alto de la loma de la Floriana- se va rezando el Vía Crucis al tiempo que las campanas comienzan a repicar. A partir de aquí la comitiva se relaja de la oración hasta un par de hectómetros antes de llegar a la Atalaya.  

 

Según la tradición, en esta comitiva sólo pueden asistir los varones, no es cosa de machismo sino de lo ancestral de la costumbre que así se ha traspasado de generación en generación. Hablábamos de motivos y posibles connotaciones. Puede tratarse, dentro del entorno de la antigua fiesta, de un encuentro entre padres e hijos en el que la ausencia de las mujeres se debe a la manifiesta separación de sexos que se percibía antiguamente. 

 

 

Otras hipótesis guardan connotaciones con hechos históricos y más concretamente con la partida de las huestes hacia la guerra contra los moros. Durante la Edad Media fueron frecuente las batallas en esta zona o línea fronteriza del valle del Duero. Antes de la partida, los guerreros oían misa acompañados de las mujeres, acto seguido, éstas entregaban las viandas a sus acompañantes que partían a la batalla enarbolando el pendón y otras insignias. 

 

 

El motivo de la celebración también podría deberse a la conmemoración de alguna batalla. No tenemos conocimiento de ello. Pero el entorno de Atalaya fue motivo de disputa y litigio entre el Concejo del pueblo y el Honrado Concejo de la Mesta porque el pueblo había roturado un terreno por donde pasaban las merinas y entendía la Mesta que era cañada y no podía levantarse. Sucedió allá por el año 1600 y después de tres años de juicio la Chancillería de Valladolid acabó dando la razón al común del pueblo por considerar que era un terreno concedido por Sancha Ballestero, mujer del conde Fernán Gómez.

 

En la iglesia de San Miguel, de San Esteban de Gormaz, a la que perteneció el pueblo durante al menos cuatro siglos, se hacía en todas las misas un responso por este hecho. 

 

Antes de llegar a la cima de la Atalaya, se reanuda la oración del Vía Crucis, se vuelve a enarbolar el pendón y el resto de insignias se elevan al tiempo que las campanas vuelven a sonar, hecho que finalizará cuando se llega al pie de la torre vigía.

 

El séquito, cansado, se siente ansioso por alcanzar la cima en el último tramo más empinado hasta llegar a la Atalaya. Se tienen bien merecido el opíparo almuerzo que viene a continuación y el tiempo de relajamiento que le sigue. Momento siempre oportuno para la conversación, el conocimiento de la gente forastera que acude a la romería, y en general el buen ambiente que se respira en una jornada de hermandad entre todos aquellos que se dignan a acudir a esta romería, de lo cual la gente del pueblo se siente muy agradecida por su presencia. Saben que siempre serán bienvenidos, si bien deben saber que esta tradición tiene unas normas que es preciso conocer y cumplir por parte de todos para no perder su esencia.  

 

 

Tras dar cumplida cuenta del almuerzo y encandilados los ánimos, el regreso se hace más distendido. Se vuelve a tomar las insignias y se regresa por el mismo camino. Los mismos pasos que a la subida, la contnuación del Vía Crucis, la oración, el tañido de las campanas, el espacio de descanso, la vuelta a enarbolar las insignias y el final del Vía Crucis hasta la llegada a la Ermita. Se canta la Salve, momento muy emotivo que templa el ánimo, se dejan todas las insignias y se sigue camino hasta el pueblo.

 

  

Esta imagen, de tiempos pasados, dignifica el motivo de una tración que lleva implícito un sentir popular hacia el buque insignia de arquitectura del pueblo.  

  

 

Por la tarde, momento que recoge la fotografía, se baja a por las imágenes y  las insignias que quedaron en la Ermita. Vuelven las mujeres al escenario de la solemnidad. Se reza, se vuelve a cantar la Salve y en procesión rezando y cantando se regresa al pueblo para dejar en la iglesia a la Virgen y al resto de imágenes e insignias. Se reza y se canta de nuevo y después de un largo episodio se da por concluida la celebración. Una celebración emotiva y sentimental que embarga el ánimo y dignifica la ceremonia... que sigue gozando de la preferencia de quienes participan en el evento. ¡¡¡Que siga vigente!!! 

 

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Celebración de San Isidro y Bendición de Campos

 

  

Dos tradiciones que no han perdido todo su peso en el calendario de costumbres del pueblo son aquellas que están relacionadas con el mundo agrario, base que fuera y sigue siendo sustento familiar de la gente que vive en el entorno. Se trata de San Isidro y la Bendición de los campos (días 15 y 3 de mayo, respectivamente).

Tras la ceremonia de la misa, la procesión parte hacia la Cruz, paisaje enclavado a las afueras del pueblo. El día era apacible por el sol pero el viento hizo que el pendón, portado por Agustín, costara mantenerlo erguido. 

 

  

La comitiva desplazándose hacia el punto de encuentro de la bendición. Abdón porta la Cruz, Alejo a Cristo Crucificado y Juan el Estandarte. Tras ellos, San Isidro llevado en andas por las mujeres. Durante el trayecto se ora y se canta, en especial la canción dedicada al santo patrón. Toda una retahía de estrofas de contenido peticionario para salvar los campos.

Glorioso Santo pobre y honrado que desde el cielo todo lo ves, mándanos agua a nuestros campos si necesitan alguna vez... ¡Oh San Isidro, por los labriegos de Quintanilla, rogad a Dios!   

 

 

En la imagen se aprecia la procesión que solemnemente participó en la la bendición. Un nutrido grupo de gente teniendo en cuenta las circunstancias de la población que residen en él.  

 

 

Las canciones y la oración siguen resonando en el aire, nítido y puro en la tarde, embriagadas por el olor del tomillo y del resto de yerbas que se hallaban en todo su esplendor.

En la imagen, Evelia, Milagros, Clemen y Bienve portando las andas de San Isidro. 

 

 

Una imagen testimonial del momento en el que la comitiva se acerca al lugar donde tendría lugar la bendición. El aire impetuoso seguía haciendo de las suyas, pero Agustín supo mantener el tipo para que el pendón no pudiera con él. 

 

 

El pendón junto a la Cruz de la Bendición de campos. Antiguamente en la Cruz de madera se grababan cuatro pequeñas cruces, una a cada cara del madero vertical, y en cada una de ellas se colocaba una cruz hecha de cera de vela de cuarterón, de aquella enroscada, que antiguamente se usaba para iluminar en la oscuridaz. Una vez acabada la ceremonia, había quien se escondía para llevarse las cruces antes de que se las quitaran otros.  

 

 

Lucas, el cura que ofició la ceremonia, bendice cada uno de los puntos cardinales del término, hisopo e incienso en mano, al tiempo que se va rezando porque la protección se haga realidad, aunque no siempre se cumpla, como ocurrió en esta ocasión.  

 

 

Otra instantánea de la bendición. Cada vez que se reza hacia cada uno de los puntos cardinales, los asistentes van girando el cuerpo para mirar hacia el lugar que se está bendiciendo.  

 

  

Aquí se aprecia uno de esos instantes en el que el sacerdote, con el incienso levantado, va bendiciendo los campos. 

 

 

Otro momento de la celebración.  Una vez acabada la ceremonia y bendecidos los campos, los asistentes suelen coger tomillo bendecido que después suelen guardar en algún rincón de la casa o utilizarlo para guisar... ¡con más sabor y protección para el cuerpo!

 

 

La vuelta al pueblo por el mismo camino. Una imagen que marca el sentir de un pueblo que sigue creyente, poniendo su fe al servicio de sus santos protectores para beneficio de sus bienes. El canto y las oraciones siempre presentes. 

 

  

No sería un San Isidro normal si no hubiera la "sembrada" de caramelos, como a la antigua usanza, sólo que entonces tenía lugar durante la procesión alrededor del pueblo y ahora se lleva a cabo en la plaza. Juan Aguilera sería el labrador que se encargaría de sembrar la plaza de caramelos para deleite, especilamente, de los más pequeños. 

 

 

Años atrás se tiraban confites, también caramelos, y cuando acababa la procesión había rebusque de aquellos que habían ido a caer en terreno infértil, porque se metían en los lugares más recónditos. Aquí se aprecia como Joaquín Liaño parece querer decirle algo al sembrador Juan, de que no los está tirando en el lugar más fértil, o al menos donde a él le gustaría que cayesen, en su terreno.  

 

 

Hemos querido insertar esta imagen para ver el contraste entre antaño y la actualidad. Ya no hay animales de tiro, pero de esta forma se les engalanaba a la yunta de machos para la celebración de la ceremonia. Bien lujosos iban ellos. Eran otros tiempos... Y si no que se lo pregunten a Andrés (gañán de la yunta) y a Eusebio, con barba, haciendo de labrador de unos campos que siguen donde siempre pero con otros métodos de cultivo y mecanismos para labrarlos. 

 

 

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