QUINTANILLA DE TRES BARRIOS

Pingada del mayo 

 

1 de mayo, 2015

Todo empezó con una propuesta y acabó haciéndose realidad

 

¡¡¡El Mayo vuelve a pingarse 30 años después!!!

 

El pueblo ha recuperado una tradición olvidada durante tantos años, una de las muchas que completaron el calendario etnográfico y folklórico. Mayo ha venido siendo uno de los meses más recargados de eventos laicos y religiosos que dieron ambiente y colorido al mes de las flores, al mes de la regeneración. 

 

 

Precisamente pingar el mayo tiene que ver con la explosión de la naturaleza y con la fertilidad. Se le considera un rito viril y antiguamente tenía connotaciones totémicas a la divinidad primaveral o de los árbloes. Años atrás los mayos fueron una tradición muy extendida por gran parte de la geografía española. Cada una, localmente, tenía sus características en torno a este evento. 

 

 

El mayo sería una de las muchas tradiciones que corrieron a cargo de los mozos. Eran ellos quienes se encargaban de buscar un buen ejemplar de chopo y solicitarlo al pueblo, si era de su propiedad, o comprarlo si era de un particular. Se tenía en cuenta el tamaño y la forma del mismo para que en la medida de lo posible lamara la atención una vez pingado o erecto. 

 

 

 

Pingar el mayo requiere esfuerzo, maña y mucha precisión para evitar incidentes. No sería la primera vez que fuera a caer sobre el tendido eléctrico. Durante los últimos años se pingó en el centro de la plaza, pero en otros tiempos se erigía en el lugar más alto del entrono del pueblo, allí donde más llamara la atención. El mayo permanece in situ desde el día primero del mes hasta el último. Cuando llegaba a su fin, los mozos optaban por venderlo al mejor postor. 

 

 

Queda dicho que pingar el mayo era cosa de los mozos, pero como en la actualidad no podrína hacerlo por sí solos, por el escaso número de ellos, todas las personas disponibles, solteros/as y casados/as unen su esfuerzo paya conseguirlo. Después cantarán aquello de 

        Vítores al mayo que te empinaron/pero fue con la ayuda de los casados

 

La recuperación de este año ha contado con la colaboración de prácticamente la totalidad de las personas que había en el pueblo, quienes arrimaron el hombro para hacer posible que el mayo no pudiera desviarse de su ubicación. No es tarea fácil. Hacerlo encajar en el agujero y levantarlo con templanza tiene sus trucos. Sogas, escaleras, palos, paciencia, orden y mando para trabajar con cordura y conseguir el propósito sin incidentes. 

  

 

Es una satisfacción poder observar el mayo pingado sin haber ocasionado problemas. Justa recompensa al trabajo bien organizado porque siempre puede acarrear algún contratiempo. La estructura del chopo condiciona el manejo del mismo para llevarlo a su objetivo. En el pueblo, el mayo siempre ha sido un chopo; en otros lugares suele ser un pino. 

  

 

 

Acabado el trabajo, los participantes quedaron expectantes mirando el árbol erguido en el centro de la plaza. No digamos exhaustos, pero sí contemplativos ante el logro que acababan de realizar. Romper de un plumazo con el reniego de una tradición que fue símbolo de la idiosincrasia del pueblo. Quintanilla puede sentirse muy orgullosa de todos cuantos participaron en la recuperación de esta tradición antiquísima. Confiemos en que se mantenga en lo sucesivo para ganar crédito en todo tipo de manisfestaciones tradicionales. Tradiciones que no deberían perderse sino transmitirlas a las nuevas generaciones para que mantengan vivo el legado del pueblo y de sus gente. 

 

 

 

Así de felices, satisfechos y sonrientes posaron para la posteridad el grupo de colaboradores que pusieron en rojo el primero de mayo, no como festividad del trabajo sino como artífices de la reposición de un evento durante años olvidado, contribuyendo a rescatar una de las tradiciones más emblemáticas del calendario popular. 

 

 

El mayo yace en su ubicación para ser contemplado. Todo un ejemplar. Dieciocho metros de altura y ciento cincuenta quilos de masa arborea. Como puede apreciarse posee una esbeltez uniforme, con su penacho de ramas coronando la altura, al tiempo que mantiene las características precisas para ser considerado prototipo de chopo para representar su candidatura a mejor mayo de 2015.

 

 

Pingar el mayo no sólo consistía en conseguir erigirlo y mantenerlo firme. Como queda dicho, en su honor se desplegaba un abanico de costumbres que iban desde cantar, las mozas, hasta intentar trepar a lo más alto para hacerse con el trofeo. En esta altura del chopo se colocaba un señuelo quer por lo general consistía en una bolsa de naranjas, roscas, o una botella de licor. Para hacer más difícil el trepar hasta lo alto, se le solía dar grasa al tronco con el firme propósito de que los valientes que se atrevieran a desafiar el reto lo tuvieran mucho más difícil. Así cantaban las mozas a quienes retaban el desafío:

                       Mozo ya llegaste arriba/descansa un poco, y sereno,

                que a las roscas de estas mozas/ya las puedes dar un muerdo.

 

Sea como fuere, lo cierto es que siempre había quien conseguía trepar hasta la cúspide y bajarse el trofeo. No sin los suspiros y los sustos de los espectadores que seguían las evoluciones. No dejaba de ser un entretenimiento más en el espacio de ocio.

 

Una contemplación del majestuoso mayo que domina la plaza del pueblo hasta que sea desubicado de su emplazamiento. Hasta el 31 de mayo podrá ser contemplado por aquellos que se precien a acercarse para ver frente a frente el reflejo de una tracición que marcó un tiempo pasado y que el buen hacer de la gente del pueblo  ha traido de nuevo a la memoria. ¡¡¡FELICIDADES!!!

 

 

  

Perspectiva del mayo al fondo flanqueado por edificios civiles -escuela, ayuntamiento- y religioso -iglesia de San Lorenzo Mártir-. Un enclave idóneo para transmitir sensaciones.  

 

 

Y como en todo trabajo bien hecho no podía faltar la cena para coger fuerzas antes de entregarse al esfuerzo. Se lo tenían bien merecido. 

  

Fotos: Bienve Catalina, Nines Carro y Constan Romero

 

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Cena conmemorando el Carnaval 

 

 

Febrero, 2015

 

 

 

Algunos momentos de la celebración de la cena carnavalesca

Fotos: Nines Carro

 

Carnaval, junto a Jueveslardero, ha sido una de las tradiciones más esperadas, especialmente por los más jóvenes. Ambas tradiciones han desaparecido del ámbito del pueblo, pero todavía quedan reminiscencias, no ya sólo en el recuerdo sino en la ejecución. Jueveslardero estaba destinado exclusivamente a los chicos de la escuela. Carnaval era una tradición popular en la que participaba el conjunto de la población de una u otra manera. Había movimiento, jolgorio, algarabía. Los mozos molestando a las mozas con las pelusas para acabar en merienda conjunta, a veces. Cada cual con su cuadrilla. Los hombres tenían ese día hacenderas por la mañana y por la noche merienda en el salón, con vino a cargo del Ayuntamiento. 

No es el mismo ambiente, pero la gente del pueblo sigue rememorando Carnaval y para ello nada mejor que disfrutar de una cena de hermandad, como mandan los cánones, y pasar una velada entretenida y amigable. Y lo esencial, que la semilla de la tradición siga vigente recordando aquellos años en los que la ilusión afloraba siempre que se presentaba la ocasión.


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Matanza tradicional en el pueblo

 

Enero, 2015

 

 

 

 

Fotos: Nines Carro

 

Las imágenes hablan por sí solas. Aunque la matanza tradicional apenas se celebra ya en Quintanilla, todavía hay alguna familia que recurre a ella y lo hace siguiendo los métodos y las costumbres heredadas de antaño. La vigencia del legado etnológico es uno de los alicientes que nunca debieran desaparecer del entorno. Hoy las matanzas típicas se prodigan, por lo general, en hermandad, con asistencia de la gente del lugar que desee participar en la comida en torno a la carne del cerdo. Pero lo verdadereamente singular es rememorar todo el engranaje que lleva implícito momento a momento, paso a paso, el orden y concierto de la matanza. Es lo que ha hecho la familia Carro Carro (los hijos de Nercedes y Vicente) que siguen utilizando los mismos métodos y sistemas de elaboración de las partes del cerdo.

En las fotografías se puede apreciar algunos de los momentos más destacados de la muerte del animal, así como la elaboración de las morcillas que corre a cargo de Evelia, Angelines y Milagros, las artífices de que la condimentación, y por tanto del sabor, se aprecie en toda su intensidad. Método tradicional que conlleva la limpieza del animal, abrirlo en canal, extraerle el vientre, separar cada pieza, cada órgano, las tripas para ser lavadas a conciencia (¿en el arroyo?) y quitarlas el olor, coserlas, preparar el mondongo, hacer las morcillas y cocerlas a fuego lento en la lumbre, dejarlas al oreo de la noche... Todo ello requiere pericia y conocimiento, algo que esta familia conoce a la perfección. Evidentemente, los hombres también tienen su protagonismo. Son los que abren el telón de la matanza, atenazando al cerdo para que no se muerva mientras muere, chamuscarlo, abrirlo en canal, y también ayudando a las mujeres a lavar las tripas para las morcillas, chorizos y güeñas. Y al día siguiente descuartarlo o descuartizarlo, a la antigua usanza, proceso en el que hay que tener experiencia para extraer cada parte del animal sin estropear la pieza. El picar la carne para chorizos y güeñas, sazonar costillas, lomos, tocino, jamones, etc, es algo que se presenta más asequible sin dejar de ser un trabajo a considerar. Entre tanta faena quedará tiempo para degustar los platos típicos de la matanza, en especial las famosas sopas morenas, que a buen seguro estas tres especialistas habrán sabido darle el toque preciso. 

Que se lo coman con salud, como se solía decir antiguamente cuando la matanza tocaba a su fin. Y agradecerles que por su dedicación de hacer la matanza como antaño, Quintanilla no ha perdido, por ahora,  el olfato de una de las tradiciones más esperadas y celebradas que había en el calendario costumbrista popular. 

 

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