QUINTANILLA DE TRES BARRIOS

Canciones de ronda

 

 

 

Las canciones de ronda han contribuido a animar el ambiente festivo de los pueblos. En el nuestro no podían faltar una serie de coplillas, chascarrilos y canciones de cuño propio para la ocasión, además de otras generalizadas. Las rondas animaban las noches festivas cuando los mozos hacían acto de presencia por las calles al son de las canciones y de algún que otro instrumento improvisado para el acompañamiento. Era una manera de proclamar que eran los protagonistas de la noche, y de demostrar sus aptitudes para el canto. En definitiva, un modo de pasar el rato o de divertirse que tuvo sus años de apogeo cuando en el pueblo vivía mucha juventud. Estos momentos solían llegar, por lo general, después de la merienda en la bodega, lo cual suponía que los ánimos estuvieran mucho más encandilados, aunque las notas salieran un poco más altas pero trastabilladas.

Las canciones de ronda vienen a ser un conjunto de tonadas variadas que tienen en común la temática lírico-amorosa utilizando un lenguaje expresivo de piropos, galanterías, declaraciones amorosas o lamentos por el desamor; todo ello salpicado de expresiones jocosas y reiteradas alusiones tópicas a la noche, la ventana, el balcón, o los deseos. Es decir, en el repertorio de ronda se condensa todo un cúmulo de sentimientos para quienes la practicaron durante tantas lunas. En nuestro pueblo, por lo general, solía rondarse durante todo el año, aunque la predilección eran los días de primavera y verano. Lo normal era que con una vuelta al pueblo hubiera suficiente, pero...

Ignoramos si en el pueblo había rondas determinadas de un día especial, como podía ser Carnaval, pero lo que sí acontecía, que se le pareciera, eran las rondas de carácter familiar que coincidían con efemérides tan importantes como las matanzas o las bodas. Falta llevar a cabo un estudio más exhaustivo de este tema, intentar recopilar todo el material perdido, que lo hay, para enriquecer el conjunto de canciones para dar realce al folklore de Quintanilla.

¿Qué pueblo no goza de unas letras en su honor haciendo alabanza a su nombre o a las personas que lo habitan? ¿Qué pueblo no canta con orgullo la canción que le identifica? Evidentemente la cualidad del género femenino siempre ha sido ensalzada por sus habitantes. Y los mozos, en uno de sus alardes característicos, no desaprovechaban la ocasión para demostrarlo. En la ronda, o fuera de ella, lanzaban al viento la siguiente tonadilla:

           

                        Somos de un pueblo, señores, de Quintanilla la guapa

                        si quieres saber su nombre, no te fijes en el mapa.

                        No tie´ sierra ni tie´ puerto pero sí mucha alegría

                        y además unas chavalas que son una monería.

                        Adivínalo, adivínalo de que pueblo soy,

                        adivínalo, adivínalo un premio te doy,

                        si lo digo yo, si lo digo yo, el premio no vale

                        sólo te diré que en el pueblo aquel somos fenomenales.  

                                                                  

¡Ahí quedaba eso! Pero no siempre se hiló tan fino, sino que cuando la cosa se torcía solía salir a relucir el típico picadillo entre sexos para demostrar quién era quien ante el respetable. Es de suponer que los mozos en la ronda cantarían la suya para no ir pregonando las excelencias de sus mozas. Estas estrofillas no tienen ningún desperdicio, en las que se dan a conocer las virtudes y los defectos de la casta joven:

 

                         Somos de Quintanilla, muy buenas muchachas,

                         tenemos un defecto, que somos muy guapas.

                         Unas hay de tipo, otras hay de cara

                         y la mayoría, somos resaladas.

                         Resaladas somos con gran resalero

                         y tenemos sal pa´ echarle al puchero.

 

A lo que ellos contestaban:

 

                         Somos de Quintanilla, muy buenos muchachos,

                         tenemos un defecto, que somos borrachos.

                         Unos hay de vino, otros de aguardiente,

                         y los más lo somos de agua de la fuente.                       

                 

En las rondas no sólo se cantaban coplillas sino algunas canciones alusivas al olvido o al alejamiento de las mozas fuera del pueblo, motivo por el cual perdían la posibilidad de elegir pretendientes. Aquí salía a relucir la vena reivindicativa de su forma de vida, un tanto erosionada por la situación de servidumbre. Elucubraciones mentales que servían para airear su estado.                                                   

                        

                 Ya ha llegado el mes de mayo, ya llegan los apedreos,

                 ya se marchan a servir todas las mozas del pueblo.

                 Se marchan a Barcelona a servir a los señores,

                 y después vuelven al pueblo con pulseras y relojes.

                 Con pulseras y relojes y otras con la falda estrecha,

                 y van siguiendo la moda como si fueran princesas...

 

La de la Cirila era una de las coplas que más énfasis ponían para demostrar que lo de las sirvientas acarreaban situaciones embarazosas.              

 

           Cuando la Cirila se marchó a Madrid regresaba en coche con mucho postín.

           Cuando la Cirila volvió a regresar, la barriga hinchada, que calamidad.

           Lleva más lujo que el ama, más lujo que el ama lleva.

           Todo que llevaba valía un tesoro, reloj de pulsera y anillo de oro.

           Y también llevaba unas buenas… y eso quien lo paga, todo el señorito.

           Y también llevaba un buen abanico para ir al cine, y después tiroriro.

           A la mañana siguiente se levantó el señorito

           y hablando a su criada  estas palabras le dijo:

           Cuando te haga falta pídeme dinero que me has hecho gracia carita de cielo.

           Cuando te haga falta vuélveme a pedir que me ha hecho gracia tu modo de

           sentir.

           Mocitos no os caséis con las que sirven a un amo

           que llevan más achuchones que la hierba en el verano.

           Cuando la Cirila se marchó a Madrid regresaba en coche con mucho postín.

           Cuando la Cirila volvió a regresar, la barriga hinchada, que calamidad.

 

También el tema sexual salía a relucir en estas rondas, aunque hubo un tiempo en que las ordenanzas municipales prohibieron proferir canciones de contenido obsceno.

                                              

                    Dicen que van a poner ferrocarril en la nieve (bis)

                    para transportar carbón (3 bis) pa' calentar las mujeres.

                    Pa' calentar las mujeres ya no hace falta carbón, (bis)

                    se calientan ellas solas (3 bis), viendo jugar al balón.

                    Viendo jugar al balón, la mujer pierde el sentido, (bis)

                    y al momento de chutar (3 bis), dicen que se la ha metido.

                    Dicen que se la ha metido, la mujer lleva razón (bis)

                    y a eso de los nueve meses (3 bis), sale un nuevo jugador.

 

Las coplillas formaban parte de la nómina de canciones que se cantaban en las rondas. Coplas de diversa índole y de cualquier tema y condición.

 

                     Esta noche rondo yo / mañana ronde quienquiera

                     esta noche rondo yo / la casa de mi morena.

                                                       ****

                     Por esta calle que vamos / echan agua y salen rosas,

                     y por eso la llamamos / la calle de las hermosas.

                                                       ****

                     Esta noche ha llovido / mañana hay barro (bis)

                     pobre del carretero / que saque el carro

                     quítate niña de esos balcones.

                     Porque si no te quitas / ramo de flores (bis)

                     doy parte a la justicia / que te aprisiones

                     con las cadenas de mis amores.

                                                       ****

                     Si me quieres, dímelo / y si no vete a la mierda

                     que otras mejores que tú / me he pasado por la piedra.

                                                       ****

                     En tu puerta me cagué / porque me vino la gana

                     y ahí que dejo esa rosa / pa´ que la huelas mañana.

                                                       ****

                    Que polvo lleva el molino, / que polvo la carretera,

                    que polvo lleva el molino, / que polvo la molinera.

 

El tema de los quintos casi nunca podía faltar en este tipo de manifestaciones que se componían para la ocasión para despedirse de las chicas del pueblo. En ellas, entre burlas y certezas, aparecían las preocupaciones más hondas de su marcha al servicio: la fidelidad o infidelidad mutua, el dolor de las madres y las novias al separarse de ellos. A pesar de la tristeza, la partida hacia el servicio militar significaba una señal de madurez de la que se sentiría orgulloso al regreso.

  

                     Mocitas si queréis novio / hacedlo de chocolate

                     que a los mozos se los llevan / a la guerra de Larache.

                     Mocitas si queréis novio / hacedlo de manzanilla

                     que a los mozos se los llevan / a la guerra de Melilla.

                                                ****

                     Allá va la despedida / la que traje de Berrinche

                     que no te dejen para / ni las pulgas ni los chinches.